viernes, 26 de septiembre de 2014

Zancadillas a la paz

Tras la desmovilización de más de 30 hombres de las AUC, Semana.com quiere que usted cuente su experiencia con ellos en su región.

Este artículo no fue escrito en estos momentos en los que se está gestando en La Habana el proceso de paz con la guerrilla de las FARC. No, amigos lectores, fue escrito en el año 2008 cuando se realizaba el proceso de desmovilización, amnistía y sometimiento a la justicia de las AUC durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez. He vuelto a releerlo y me sorprende no solo su vigencia sino comprobar que, efectivamente,  tal como lo avizoraba en ese entonces, quienes allí se mostraban vindicadores, inflexibles, justicieros y completamente intransigentes, se tornarían permisivos, condescendientes y olvidadizos cuando se realizara el mismo proceso con la guerrilla. Este escrito es prueba de ese acerto.



Zancadillas a la paz

En todo proceso de paz, tiene que existir perdón y olvido, y cierto grado de impunidad, de lo contrario, la paz se torna inalcanzable. Desmond Tutu

El tema de moda en la política colombiana (¡quién lo duda!) es el juicio de los jefes paramilitares. Y en medio de este hecho que conmociona el país, ha sucedido algo insólito y no se trata como pudiera pensarse de los escándalos de la “parapolítica” sino más bien de la forma en que se está tratando de hacer zancadilla a uno de los actos más valientes y corajudos en la historia de la democracia colombiana.

Como en los días sangrientos de la revolución francesa, todos los días ruedan cabezas; hay sed de venganza y de protagonismo. Ante la avalancha de circunstancias que ha desencadenado un proceso tan inédito en el país como es el de la entrega y juicio público de los jefes paramilitares nadie parece caer en cuenta de lo admirable que resulta ver sentados en el banquillo de los acusados a Mancuso, a don Berna y otros jefes paramilitares ¡y desmontada casi completamente la maquinaria paramilitar! Algo verdaderamente increíble hace solo unos pocos años.

Y no obstante, gracias a las estratagemas de la oposición, esta asombrosa circunstancia pasa casi completamente desapercibida; no se le ha dado su cabal trascendencia, y menos aún se otorga al Presidente Uribe y a su gobierno el crédito que tanto se merecen por haber tenido la valentía de enfrentar una realidad complicada y ciertamente difícil de resolver con cabal justicia, pero absolutamente necesaria de enfrentar en nuestro país.

En esta especie de “cacería de brujas” en la que funcionan más la revancha y el deseo de protagonismo que el sentido de patria, se quiere llevar al banquillo inquisitorial hasta al más pequeño de los ganaderos; a esas grandes víctimas de la violencia, que cercadas entre el fuego cruzado de la guerrilla y los “paras” debieron escoger el mal menor y apoyar a quienes les parecieron en su momento, menos criminales. Mañosamente se quiere hacer olvidar que el campo colombiano fue hasta hace muy poco (y en algunas partes continúa siéndolo) una víctima acosada por la guerrilla en una época en la que el Estado no podía ofrecerle ninguna garantía de seguridad.

Es saludable recordar la historia, y un ejemplo viene muy bien al caso: durante la Segunda Guerra Mundial prácticamente toda Alemania apoyó a Hitler, pero en el momento de la rendición, los Aliados debieron perdonar forzosamente a todo el ejército y hasta a algunos generales, y desde luego, a la población entera por involucrada que ésta estuviera en el conflicto. No tenía caso tratar de enjuiciar y encarcelar a todos los simpatizantes de Hitler.

Tal como van las cosas, este proceso más que de Justicia y Paz, parece de retaliación y venganza. Y tomarlo en esa forma, es una gran equivocación. Ya lo dijo Desmond Tutu en su visita a Colombia: “En todo proceso de paz, tiene que existir perdón, olvido y cierto grado de impunidad, de lo contrario la paz se torna inalcanzable”. Desde luego, una impunidad total es inaceptable y los violentos tendrán que afrontar como es apenas natural la consecuencia de sus actos.

Pero lo verdaderamente lamentable de esta situación que se está viviendo actualmente con el juicio de los jefes paramilitares es que ahora sí se puede afirmar casi con absoluta seguridad que la paz con las FARC solo será posible por la vía de las armas porque es de todo tipo de vista hipotético que “Tiro Fijo” (si es que todavía existe), el Mono Jojoy, el Negro Acacio y compañía se entreguen voluntariamente para ser procesados y condenados en un juicio completamente rígido, visceral y vengativo.

Pero si algún día, ocurre ese milagro, y les tenemos a todos sentados esperando el juicio de la historia, sería bueno observar si aquellos congresistas que se muestran hoy tan beligerantes y rígidos para juzgar a los paramilitares llegan hasta el fondo de los miles de crímenes de la guerrilla y se preocupan también por perseguir, enjuiciar y condenar hasta al más pequeño de los agricultores y ganaderos que se hayan visto obligados a pagar boleteo y contribución “voluntaria” a la guerrilla; sin descartar tampoco a las decenas de secuestrados que al pagar incruentos rescates, colaboran también aunque sea involuntariamente, con el accionar criminal de las FARC.

Aunque nos cueste reconocerlo, la única forma de alcanzar la paz y la reinserción de los violentos será brindándoles una nueva oportunidad y eso lo saben muy bien Gustavo Petro y Navarro Wolf que disfrutaron del armisticio que se hizo con el M19 y están hoy, no solamente reinsertados a la vida pública sino también convertidos en reconocidos congresistas y posibles candidatos a Presidentes de la República. El cáncer de la guerrilla y la metástasis de delincuencia, paramilitarismo, sicariato, narcotráfico y corrupción a todo nivel que su accionar violento y criminal de tantos años ha causado en nuestro país no será posible de erradicar sino asumiendo una actitud generosa e inteligente. Una posición verdaderamente patriota en este momento es respaldar al Presidente en su valerosa y admirable gestión y ayudarle a encontrar el camino de la reconciliación y de la paz. Ojala prime el buen juicio y Colombia logre llevar a cabo con éxito un primer paso tan importante para la paz como es el difícil proceso de reinserción paramilitar.

Leonor Fernández Riva
Agosto de 2008

martes, 25 de febrero de 2014

El Codex Gigas, un libro singular


El Codex Gigas - Monstruoso

El Codex Gigas, una obra singular
Amables lectores:
Creo que estarán de acuerdo conmigo en que nuestras preferencias literarias están siendo influenciadas cada vez más por quienes dirigen la opinión mediática. Leemos al escritor de moda, al nobel, al último bestseller, al que todo el mundo comenta. Poco importa que los méritos de las obras reseñadas sean cuestionables. Hay que leerlas para estar in. Los magníficos escritores del pasado ya no cuentan; han quedado en eso, en el pasado. Ya nadie los lee. Y lo mismo pasa con magníficos autores contemporáneos que no tienen prensa o no  alcanzan el favor de la crítica.
Ante esta realidad, y como es apenas lógico, la puja de los escritores por lograr atención mediática y conseguir así  el favor de los lectores, es manifiesta. Para mí, que me desenvuelvo en  los círculos literarios, es evidente esa febril ansiedad, ese afán que percibo en muchos de ellos por lograr que sus obras  sean reseñadas por los columnistas de moda, por alardear de sus premios y reconocimientos, y por tratar  de minimizar y  menospreciar  a la menor oportunidad las obras de quienes consideran rivales o no comulgan con sus ideas.
Sí, amigos lectores, el medio literario no se distingue precisamente por su modestia, ni por la sinceridad y generosidad para con sus colegas. Desde luego, existen valiosas excepciones, pero son eso, excepciones. De allí que siempre me haya sorprendido que algunos excelentes escritores  hayan optado por quedarse en la sombra y no firmar sus obras, y en  algunos casos hasta permitir que otro las firme. Siempre me he preguntado: ¿qué motiva a un escritor a quedarse en el anonimato?  ¿Por qué esa falta absoluta de vanidad? En los tiempos que corren es muy difícil  encontrar ejemplos de  semejante actitud, para hallarlos debemos adentrarnos en el pasado.


Las cuevas prehistóricas más espectaculares de EspañaPodríamos retroceder hasta las cuevas de Altamira en Cantabria, para encontrar ejemplos de autores anónimos, pero no tenemos que irnos tan lejos: El lazarillo de Tormes, El flautista de Hamelín, Dick Turpin,  Robin Hood, El cantar de Roldán, El Código de Hammurabi, Las mil y una noches, el Romancero, La Kalevala, El Cantar del Mio Cid o Calila y Dimma,  son   obras anónimas  que han superado el filtro del tiempo.



Imagen de portada del libro Las Mil y Una Noches



Pues bien, hoy voy a hablarles precisamente de una de las obras anónimas del pasado, a mi parecer más sugestivas y enigmáticas: el Codex Gigas, o Libro Grande, en latín, conocido popularmente como El Código del Diablo, La Biblia del Diablo o El Códice de Satanás, un antiguo manuscrito  en pergamino, creado a principios del siglo XIII. Un libro perfecto de principio a fin realizado a durante décadas y tan voluminoso que una persona por sí sola no podría cargarlo.  Su enorme tamaño está en consonancia con el de las Biblias que se manufacturaban en Europa en los siglos XI y XII y que pretendían con su tamaño poner de manifiesto la importancia de los textos sagrados.

 La ilustración del diablo en una de sus páginas fue lo que le valió el famoso apodo de Biblia del Diablo. Se desconoce su autor, aunque algunos la atribuyen al monje Hernan, “el recluso” del monasterio benedictino de Podlazice (en Chrudim, centro de la actual República Checa). 
El libro se  encuentra en excelente estado de conservación y es el manuscrito medieval más grande conocido (92 cmx 50,5 x 22 cm), tiene 624 páginas y pesa 75 kg. Pero es su contenido lo que lo distancia de las típicas biblias manuscritas de la época y lo que hace de este manuscrito un volumen especial, único y enigmático En las letras capitales y en las ilustraciones -recreadas con tremenda maestría- se utilizaron tintas animales de color rojo, azul, amarillo, verde y oro. Entre estas ilustraciones está la que ha hecho famoso al Codex: una figura del diablo en la que se lo muestra como un personaje con cuernos, mitad hombre mitad monstruo, una espeluznante lengua roja bífida y los brazos levantados en actitud de abalanzarse. Esta figura demoníaca, un tanto caricaturesca, que aparece entre sus páginas sin ninguna justificación, es por demás extraña en un libro que contiene varios textos sagrados. 

 El Codex tiene además del Antiguo y el Nuevo Testamento, las traducciones latinas de Flavio Josefo; las antigüedades judías y La guerra de los judíos; las etimologías del arzobispo San Isidoro de Sevilla; ocho tratados sobre medicina, cinco de origen griego que fueron lectura obligatoria para los estudiantes de medicina en Italia y se convirtieron luego  en textos de medicina en toda la Europa medieval, y otros tres, dedicados a  medicina práctica, escritos por Constantino el Africano, un monje benedictino de mediados del siglo XI. Todos esto mezclado con leyendas y cuentos cortos, curas medicinales, conjuros y encantamientos mágicos. Un peculiar puzzle que recogió en su día variados textos sobre temas de la época, y que según Christopher Hamel, profesor de Cambridge, “convierten esta obra en un objeto de lo más peculiar, extraño, fascinante, raro e inexplicable”.

Su origen, como ya lo mencionamos, es incierto, pero hay quienes creen en la veracidad  de  esta leyenda:

mazmorras.jpg Estamos en 1230. En una mazmorra oscura y  fría de un remoto convento benedictino de la antigua Checoeslovaquia, un monje joven  purga en solitario la condena impuesta por sus pecados. ¿Cuáles fueron estos? La leyenda no lo dice, pero de seguro infringió alguno de los rígidos votos de pobreza, castidad y obediencia de la orden, o incumplió los pesados sacrificios de ayuno y de autoflagelación a los que estaban obligados.  Los monjes de mayor edad condenan al pecador a morir emparedado. Aterrorizado no solo ante la muerte, sino ante el sufrimiento que supone tan terrible tortura,  el monje promete a  cambio de su vida algo imposible: escribir un libro enorme, el más grande de su época, en una sola noche; un libro que contendrá la Biblia y toda la sabiduría humana conocida.

 Los superiores del convento lo escuchan escépticos y burlones, pero conscientes de que no podrá cumplir su promesa acuerdan darle esa oportunidad: el libro será entregado a ellos al amanecer, de lo contrario encarará una muerte segura. El monje, sabiendo que le va en ello la vida empieza a escribir febrilmente página tras página. A la medianoche se siente agotado, su mano está entumecida por el esfuerzo. No puede continuar. En medio de su angustia le pide ayuda a Satanás, el  arcángel caído. Este acude a su llamado y atiende su suplica. La leyenda concluye que el libro  fue terminado  a tiempo y el monje salvó su vida. 
Si bien esta historia  es solo una leyenda, parece que quien escribió el Codex Gigas sí conocía algo de la naturaleza del maligno, pues en la página 290 se encuentran varios conjuros para exorcizarlo  de sus víctimas y sanar a éstas de las peligrosas enfermedades por él generadas. En uno de estos conjuros se describe cómo el sacerdote que realiza el exorcismo debe pararse  frente a la persona poseída,  pronunciar el nombre del demonio o  los demonios en latín y conminarlos  de forma perentoria a  salir de su cuerpo. 
Leyenda o no, lo cierto es que un libro como este demandaría en una persona normal de veinticinco  a treinta años de absoluta dedicación para terminar de escribirlo,  y luego, otro tiempo considerable para dibujar las ilustraciones, corregir errores, encuadernarlo y terminarlo. Un logro casi inhumano. 
En un principio, y dado su gran volumen, se pensó que había sido escrito por varias personas, pero según estudios realizados por expertos calígrafos, y después de muchas investigaciones y pruebas, se llegó a la conclusión de que el Codex Gigas, desde sus fórmulas de tinta idéntica y su caligrafía autodidacta, hasta su controvertido contenido fue escrito por un solo autor,  y no necesariamente por un escritor de jerarquía, sino por un aficionado, ya que si bien los dibujos y el manuscrito son impresionantes difieren de los realizados por los grandes escribanos de la época. Pero, ¿qué tipo de asombroso escritor realizó esta obra y qué mensaje pretendía dejar al incluir la gigantesca imagen del demonio en una de sus páginas?
Dadas sus especiales características, el libro captó desde el primer momento la atención de todos quienes tenían la oportunidad de conocerlo. Para finales del siglo XIII, era ya famoso  y codiciado. En la época que se escribió el Codex el mundo afrontaba muchos problemas: guerras, desastres naturales, epidemias mortales.

Hasta la  comunidad de monjes benedictinos poseedora del Codex llegó también la calamidad. De un momento a otro el convento se enfrentó  a una precaria situación económica, y para poder solventar sus gastos, los monjes  se ven  en la necesidad de vender el Codex a otra orden monástica que lo ambicionaba. Los miembros de esta   lo adquirieron sin chistar, ya que para entonces tener aquel libro representaba honor, poder y prestigio. Sus nuevos dueños lo llevan a su convento situado frente a un cementerio a las afueras de Praga. Pero su estadía allí no sería por mucho tiempo.

Repentinamente, esa comunidad también afronta la bancarrota y ante la imposibilidad de cumplir con el pago acordado se ve forzada a  devolver el preciado  libro al convento de los benedictinos. Allí es recibido con alborozo, pero poco después el claustro es azotado por una letal epidemia: la peste bubónica.

La “muerte negra” mata a miles. El cementerio desborda de muerte. Más de treinta mil cadáveres hacen del lugar una catacumba. Hoy este monasterio en Checoeslovaquia se ha convertido en un museo de cráneos. 


decoradaY a su capilla se la conoce como: “la capilla de los huesos”. Así como este, otros hechos infortunados empiezan a relacionarse con el Codex, y este empieza a adquirir fama de mala suerte




Pasa el tiempo. Nos encontramos en Austria en 1565. Rodolfo, el príncipe heredero acude a Miguel de Nostradama, mejor conocido como Nostradamus, para conocer su destino. El famoso vidente francés elabora un complicado diagrama en el cual predice al príncipe heredero la muerte de su padre y su ascenso a la corona como emperador del sacro Imperio romano. Al cumplirse las predicciones del famoso astrólogo, Rodolfo adquiere obsesión por lo oculto. Codicia el Codex, y empeñado en conseguirlo se congracia con los monjes benedictinos que lo tienen en su poder.





La estrategia funciona y Rodolfo lo incorpora a su espléndida colección de objetos raros. Contrata entonces expertos para que traduzcan sus oscuros pasajes y se adentra en sus misterios. De forma extraña, él, que hasta ese momento era un gran líder de su pueblo, se encierra en su castillo y se torna  errático y paranoico. Carente de un guía, el reino se convierte en un desastre. El rey  pierde a sus seguidores y su propia familia lo despoja del poder. Muere solo, sin casarse y  sin dejar un heredero. Luego de su muerte el reino de Rodolfo cae en manos de los suecos, quienes junto con el botín de guerra se llevan su tesoro más preciado: el Codex Gigas.
Las triunfantes tropas suecas guardan el libro en un gigantesco baúl y emprenden el regreso a Estocolmo, con la idea de regalar el Codex Gigas a Cristina de Suecia, su reina.
[Cuadro] de Sébastian Bourdon (1616-1671).Cristina, la “mujer rey de Europa”,  no parecía destinada a ser reina. Nació sumamente débil y hasta  se llegó a pensar que no sobreviviría al primer día de nacida. Los augures del reino profetizaron, sin embargo,  que si la niña no moría esa primera noche, ascendería años después al trono de Suecia. Su padre, Gustavo Adolfo II, desesperado porque ya había perdido dos hijos varones y no tenía herederos al trono, decidió educar a su hija como un varón. 

A los seis años, luego de la muerte de su padre, Cristina es nombrada monarca aunque solo tiempo después -a los dieciocho años- accede al trono. Al prestar juramento no lo hace como reina sino como ·rey”. Al retornar las tropas suecas triunfantes de la guerra contra Austria, le entregan a Cristina el Codex Gigas como parte importante del cuantioso botín. Esta coloca el voluminoso libro en un lugar preferente de la biblioteca de su castillo pues lo cataloga como el primero de los valiosos manuscritos confiscados.
 Según se cuenta, pasaba mucho tiempo en la biblioteca leyéndolo y examinándolo. En el año 1654, menos de una década después, Cristina, para sorpresa de todos, abdica al trono, hace una conversión radical al catolicismo y se exilia en Hamburgo. La mujer rey empaca sus más valiosas posesiones incluyendo entre ellas varias sagradas Biblias, pero misteriosamente no se lleva el Codex Gigas que años antes tanto le había interesado.
Un año después, Carlos Gustavo XI, su primo, quien la había sucedido en el trono, muere de manera repentina. En medio de la ceremonia fúnebre se inicia misteriosamente un violento incendio en el castillo donde es velado. La familia real huye presa del terror. 
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Los trabajadores del castillo intentan salvar lo que pueden aun a costa de su vida. Según cuenta la leyenda, un sirviente toma el gigantesco Codex y lo avienta a través de una ventana del segundo piso. El libro cae  al suelo sin sufrir  el menor daño a pesar de su gran tamaño.

Los investigadores han atribuido a este incendio las sombras oscuras que aparecen en algunas de sus páginas.  De manera extraña, sin embargo, las sombras siguen un patrón regular, ya que solo aparecen en las páginas cercanas a  la imagen de Satanás. 

Mito o leyenda, lo cierto es que el Codex Gigas ha conservado su poder de atracción hasta el día de hoy. 


El Codex Gigas en biblioteca nacional de Suecia, en Estocolmo.
Actualmente se encuentra en exhibición en la Biblioteca Nacional en Suecia, "La Biblioteca Real" (Kungliga Biblioteket) de donde no ha salido sino a pequeñas exposiciones, entre ellas a su lugar de origen: la República Checa, o para ser investigado en otros países.

De incalculable valor, el Códice del Diablo  ha sido codiciado por muchos y los intentos de robo se han repetido regularmente a lo largo de su historia.

Muchas preguntas quedan todavía sin respuesta. Quién sabe si oculto entre sus páginas el Códice del Diablo conserva un mensaje que ha permanecido allí a lo largo del tiempo esperando a que algún avezado lector se atreva a descifrarlo. 

Convendrán conmigo, amigos lectores que el Códex Gigas es un libro anónimo fuera de lo común, del que nos hubiera encantado conocer no solo el nombre de  su autor sino también su secreta motivación para escribirlo y para  permanecer anónimo.

 Tal vez algún día desentrañemos la incógnita, aunque creo que es  precisamente su condición de anónimo lo que otorga al Codex Gigas su misterio y su innegable atractivo. ¿No lo creen así amables lectores?


Codex Gigas, los enigmas de la Biblia de Satanás 


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