miércoles, 18 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad y Próspero y Venturoso Año Nuevo



Amigos Lectores:
Reciban mis mejores deseos por una bonita Navidad y un Año Nuevo pleno de alegrías y realizaciones. 

¡Felicidades!



Los tres reyes magos
Rubén  Darío

Yo soy Gaspar.
Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir:
La vida es pura y bella. Existe Dios.
El amor es inmenso
Todo lo sé por la Divina
Estrella.

Yo soy Melchor.
Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo
y en el placer hay la
melancolía.

Soy Baltasar. Traigo el oro.
Aseguro que existe Dios.
Él es el grande y fuerte.
Todo esto lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de
la muerte.

Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunga el amor, a su fiesta os convida.
Cristo resurge, hace la luz del caos
¡Y tiene la corona de la vida!




navidad
















lunes, 2 de diciembre de 2013

El Efecto Placebo - Uno de los grandes misterios de la medicina

El Efecto Placebo
Uno de los grandes misterios de la medicina

 Leonor Fernández Riva


Existen en la medicina, amigos lectores,  enigmas  que  no tienen todavía una respuesta satisfactoria.  Uno de ellos, el  llamado efecto placebo, siempre ha despertado mi  interés no solo  por sus singulares características sino por las  expectativas positivas que este hecho  representa  para nuestra salud.

Por lo general, cuando  hablamos de efecto placebo nos imaginamos una pequeña píldora inocua que alguien toma con fe para aliviarse de una  dolencia determinada, pero lo que tal vez muchos no conocemos es que ese efecto curativo no  necesariamente se produce por la acción de  una píldora o un  medicamento sino también  por otros factores como pueden ser un ambiente acogedor, unas palabras agradables, la confianza en el personal médico o cualquier procedimiento médico que  produzca un efecto curativo por la fe que despierta  en el paciente y por el poder de su intención terapéutica,  no por su naturaleza en sí mismo.

jesús-sana-mujer-fe-mormónLa fe es,  pues,  un poderoso principio curativo y uno de los principales factores del efecto placebo.  Probablemente  muchos de los llamados  milagros  se han producido y 
se siguen produciendo  por la fe ciega del paciente en el poder de sanación  de quien la decreta.  Las palabras de Jesús de Nazareth  a la mujer curada son dicientes: “ Tu fe te ha salvado".
Esa capacidad curativa que todos poseemos  ha sido utilizada desde épocas remotas por curanderos, brujos y chamanes,  aunque,  como es natural, todos ellos atribuían la sanación de sus pacientes a sus buenos oficios. En la elaboración de la mayoría de los remedios curalotodo usados durante la Edad Media se hacía uso de elementos insólitos, peligrosos y hasta repugnantes y era precisamente a  través de esos elementos extraños como se lograba generar el efecto placebo.  Revisar la farmacopea de la antigüedad es alucinante por la variedad asombrosa y fantástica de los ingredientes utilizados: veneno de serpientes venenosas, opio, diversas raíces, secreciones, excrementos, etcétera. 


unicornio grabadoUno de los ingredientes fantásticos que en teoría componían algunas de las  preparaciones utilizadas durante el siglo XVI era el cuerno del unicornio. El fármaco así promocionado, era   ansiado por todos los poderosos y  vendido a precios costosos como un poderoso curalotodo.  Entre otras virtudes se le atribuían: ser antídoto contra venenos y remedio para problemas estomacales, epilepsia, mareos, fiebre, impotencia, etcétera. Muchos curanderos  vendían ese fármaco a sus clientes como si realmente estuviera elaborado a partir del cuerno del unicornio,  cuando  lo que en verdad  les suministraban eran dientes de narval (ballena que habita los mares del Ártico y el norte del Océano Atlántico), cuernos de rinoceronte o marfil.
Las extrañas bebidas de vietnam(vino de serpiente) 
En algunas  ocasiones, los compradores sometían esos brebajes a diversas pruebas para comprobar sus poderes curativos. Ponían,  por ejemplo, el cuerno en un recipiente con varios escorpiones y esperaban varias horas. Si los escorpiones morían el cuerno era auténtico. O dibujaban un círculo “mágico” con el cuerno y colocaban una araña dentro para comprobar que la araña no lo cruzase.

 Pero, aunque existiesen  esas pruebas para comprobar el poder del fármaco,  casi nadie las realizaba, fiándose del testimonio de quienes lo vendían, o simplemente por el hecho de no poner en duda la autenticidad del cuerno por si esto anulaba sus cualidades. Hay que tener en cuenta que en la Europa Medieval el unicornio estaba ligado al cristianismo, hasta el punto que llegó a ser una representación de Cristo, significando castidad y pureza, por lo que no estaba bien visto dudar de sus cualidades.

Todos esos componentes nocivos y extraños mantuvieron al médico durante mucho tiempo en un lugar de privilegio y respeto debido a que él era el agente terapéutico, único conocedor y creador de aquellas misteriosas pócimas curativas. De seguro, la mayoría de esos exóticos brebajes no aportaban nada o casi nada a la curación de las dolencias para las que eran requeridos, pero la fe que los pacientes depositaban en ellos ponía en funcionamiento el proceso de sanación.

 Es justo reconocer, sin embargo, que probablemente algunas de estas preparaciones sí tenían efectos curativos,  lo que nos lleva a reflexionar con admiración en la forma  en que en la antigüedad lograron aislar los principios activos de algunos componentes terapéuticos, separar sus elementos de origen, mezclarlos, dosificarlos y almacenarlos.

Se ha observado que algunas características influyen de manera más positiva para lograr el efecto placebo. Por ejemplo, cuanto más grande, vistoso y costoso es el tratamiento médico, el valor simbólico y curativo que el paciente le atribuye, es también mayor. Las píldoras rojas consiguen un mayor efecto que las que no tienen color y cuanto más grandes son, mayor es también el resultado; éste a su vez es más fuerte, si se aplica en inyección que en  pastillas, y más impresionante todavía, si el placebo consiste en  pasar por un quirófano. De allí también el por qué muchas personas  le atribuyen mayor valor curativo a los remedios de casas farmacéuticas reconocidas  que a otros de idénticos componentes,  pero genéricos.

Durante la Primera Guerra Mundial era frecuente que se terminaran las medicinas en el frente de batalla. Sin embargo, los doctores encontraron que podían aliviar y calmar el dolor de sus pacientes con un “placebo”, pastillas que simulaban ser efectivas, o con la noticia de una intervención quirúrgica inexistente. Lo curioso es que un sorprendente número de pacientes que recibía ese “tratamiento” mejoraba. 

De acuerdo a testimonios médicos, si se trata de dolor, muchos pacientes responden al placebo; pero si se trata de cáncer, el resultado es prácticamente nulo. A medio camino hay condiciones como las inflamaciones del intestino, en las que el 40% de las personas a las que se les suministra el placebo declaran sentir la mejoría.

Según una encuesta publicada por el British Medical Journal, más de la mitad de los médicos estadounidenses suministran de forma cotidiana tratamientos placebo a sus pacientes. Incluso ha habido casos en los que se ha demostrado la eficacia de la cirugía placebo, es decir, aquella en la que se lleva al paciente al quirófano, se lo anestesia y se le practica una incisión. Nada más.

La gran paradoja del efecto placebo es que aun cuando tomemos un medicamento que realmente funciona, necesitamos ser conscientes de que lo estamos tomando para que sea realmente efectivo. Vale decir que este principio funciona en todos los casos. Es decir, el efecto del medicamento se produce en cierta medida no solo por el principio activo de que está compuesto sino porque esperamos que funcione, de modo que si la misma dosis se aplica a personas que por una determinada razón no tienen la misma expectativa de curación, el efecto no será igual. La creencia de que va a funcionar forma pues parte del proceso de curación. Los niños muy pequeños y las personas que por alguna circunstancia se encuentran en estado de inconsciencia no son  favorecidas por este factor curativo.

Pero hay algo que influye también poderosamente en la recuperación del paciente: el efecto cuidado. Se ha comprobado que una atención  solícita y personalizada  por parte del facultativo que atiende al paciente tiene también mucho que ver en su recuperación. En las fugaces  citas médicas a que nos vemos sujetos en la actualidad,  es muy difícil llegar a percibir la calidez, simpatía y acuciosidad del facultativo que nos atiende y mucho menos llegar a confiar en su diagnóstico y en su atención. El efecto placebo pierde así uno de sus principales componentes: la confianza en el médico.

PicassoLos tradicionales y emblemáticos médicos de familia del siglo pasado,  quienes visitaban en sus hogares a sus pacientes,  respondían de manera precisa  a ese perfil sanador. Recuerdo que cuando niña  en dos o tres ocasiones que mi madre estuvo enferma, la llegada del médico de la familia era como una brisa fresca que traía tranquilidad y alivio. Su sola presencia anunciaba la mejoría de mi madre. Y en efecto, por una u otra causa eso siempre ocurría.  La medicina actual  parece haber desechado de sus métodos curativos,  la simpatía y calidez en la atención  de los pacientes, pero es algo comprobado  que una atención más personalizada y agradable por parte de los médicos tiene efectos curativos sorprendentes en los pacientes tratados.

Pero nuestro cerebro también puede enfermarnos. Ese efecto, contrario al placebo,  se denomina  nocevo y se refiere a aquellos casos en los que el paciente no tiene fe  en su médico o en el medicamento que se le está administrando,  así éste sea real y de una casa farmacéutica reconocida,  o como en el caso de las personas hipocondríacas que desencadenan  un efecto negativo en su organismo al creer fehacientemente que padecen determinado mal. Como es fácil imaginar, al tiempo que el efecto placebo  produce  beneficios físicos y reales a los pacientes, el efecto nocebo produce en ellos  todo lo contrario. Se han hecho experimentos en los que realmente se infectó a un grupo de personas con virus y a otras no, pero se les dijo que todas habían sido infectadas.  Ambos grupos presentaron los síntomas.

 Pero, ¿qué es lo que relaciona lo inmaterial de nuestros pensamientos e incluso nuestros sentimientos con el cuerpo humano y sus capacidades? La forma como actúa el efecto placebo sigue siendo un misterio. 








   Foto: Google
 A pesar de los descubrimientos realizados en el plano neurológico durante los últimos veinte años, la ciencia no ha logrado descifrar por completo cómo se desarrolla y cómo funciona esa extraña conexión entre el cuerpo y la mente.

Lo importante, sin embargo,  es que esta es una realidad que podemos manejar con inteligencia  en pro de nuestra salud. Como afirma el  doctor Ted J. Kaptchuk,  profesor de Medicina en la Facultad de Medicina de Harvard:

Darnos cuenta de que sólo nosotros tenemos el control de nuestros pensamientos y emociones es todo un descubrimiento. El reto es averiguar el proceso por el que actúa el efecto placebo y aprender a usarlo en nuestro propio beneficio”.

Efecto placebo - Quilo de Ciencia podcast - Cienciaes.com

Otros artículos de la autora:

Nicola Tesla, el hombre que iluminó nuestras vidas...

Los Mayas, un pueblo enigmático








lunes, 15 de abril de 2013

Las Farckenstein y su creatura 2







Las FARCKENSTEIN y su creatura
¡Maldito creador! ¿Por qué me hiciste vivir? ¿Por qué no perdí en aquel momento la llama de la existencia que tan imprudentemente encendiste?
                                                     Mary W. Shelley (Frankenstein)

Amigos lectores:

Hace un tiempo, convencida de que la incondicionalidad que profesamos por nuestros equipos de fútbol favoritos es similar a la que experimentamos por nuestras tendencias políticas y de que es poco menos que imposible hacernos cambiar nuestras preferencias por convincentes que sean los argumentos que se nos planteen al respecto, me propuse no volver a hablar en este blog de política, y mucho menos de política colombiana.

Hoy, no obstante, me he sentido impelida a hacer un alto en este sano propósito y realizar algunas reflexiones acerca del proceso de paz que el Estado colombiano está llevando a cabo en estos momentos en La Habana, Cuba, con los jefes guerrilleros de las Farc; proceso que ha concitado la atención no solo de miles de esperanzados colombianos sino también de muchos países alrededor del mundo.
Para quienes hemos observado impotentes a través de los años el accionar sangriento e inhumano de este grupo armado, ha sido doloroso e indignante ver ahora a sus representantes llegar a este encuentro haciendo gala de una actitud soberbia, autocalificándose de salvadores de la patria y negando, de manera por demás cínica y descarada, sus crímenes, sus secuestros, sus demenciales atentados contra los bienes del Estado y su participación activa y criminal en el narcotráfico y en la violencia que tienen asolada a Colombia.
farc.jpg

Es bueno que sepan quienes no están suficientemente informados acerca de este conflicto que desangra a nuestra patria que los integrantes de las Farc no son precisamente unos angelitos. No, amigos lectores, las Farc no son patriotas que luchan contra un gobierno dictatorial, excluyente o bárbaro. No. El gobierno contra el que luchan las Farc es un gobierno democrático, elegido libremente por la mayoría de los colombianos; un gobierno que respeta las libertades y los derechos humanos. Colombia, amigos, sería un verdadero paraíso si no existieran las Farc y otros grupos similares, y si no existiera tampoco la droga, esa maldición que ha propiciado el crimen y la corrupción y que a manera de diabólico combustible les ha permitido a las Farc financiarse para continuar su accionar delictivo y convertirse en el cartel de la droga más poderoso del mundo.


No permitan, amigos lectores, que su actitud aparentemente conciliadora y la sarta de mentiras que cínicamente formulan en estos diálogos los engañen. Las Farc son, simple y llanamente, terroristas y delincuentes sin ningún tipo de moral o de principios; un grupo de criminales que hace tiempo perdió ese tinte romántico y “cheguevarista” de que se preciaban; guerrilleros que se quedaron sin piso cuando se desintegró el comunismo en la Unión Soviética; narcoterroristas que no tienen ningún arraigo entre el pueblo que afirman defender, pues han sido precisamente las gentes más humildes y los campesinos de Colombia quienes han debido afrontar sus ataques, sus secuestros y sus demenciales y continuos atentados.

¿Cuándo se ha visto a estos apóstoles de los menesterosos donar un camión de víveres o siquiera una ínfima cantidad de dinero a alguna de las miles de familias que sufren los efectos de las
inundaciones y tragedias
medioambientales que cíclicamente afectan al país? 


Con incredulidad e indignación escuchamos ahora sus propuestas, dizque para dignificar el campo, reparar a las víctimas y devolver las tierras a los campesinos. ¡Qué bueno, sí, que los repararan y que les devolvieran sus tierras, pero que se las devolvieran libres de las miles de minas antipersona que han sembrado en ellas criminalmente a lo largo de los años! 


Porque esos campesinos que ahora dicen defender han sido sus peores víctimas. Las Farc han sembrado y continúan sembrando a lo largo y ancho de los camposcolombianos miles de minas antipersona que diariamente dejan muertos o mutilados a decenas de niños, mujeres y hombres de nuestros campos; reclutan de manera desnaturalizada a niños campesinos para incrementar sus huestes y convertirlos en carne de cañón. 



   Y  a niñas para convertirlas en barraganas de la guerrilla.  
           
         











Vuelan sin miramientos puentes y torres de energía que prestan servicio a poblaciones pequeñas alejadas de la capital; destruyen sus escuelas, asesinan o ahuyentan a sus maestros; intimidan, torturan y fusilan sin miramientos a aquellos campesinos que no "colaboran" con ellos o que acusan de colaborar con el Ejército; mantienen secuestrados a través de décadas, en las condiciones más inhumanas imaginables, a decenas de civiles, policías y militares.


Pero hay más, mucho, mucho más. El daño ocasionado por la insurgencia de las Farc a los colombianos es casi imposible de cuantificar.

Literalmente nos han robado gran parte de nuestra geografía, de nuestras carreteras, de nuestras montañas y sitios turísticos, a los cuales ya no podemos acceder sin el evidente peligro de ser asesinados, secuestrados o mutilados por una mina; han hecho imposible el productivo turismo internacional y sobre todo, el turismo ecológico; han cambiado la cultura centenaria de los cultivos agrícolas al inculcarles a los campesinos el de la coca; su accionar violento propició el surgimiento de las autodefensas en zonas del país adonde no llegaba la protección del Estado. 


Son ellos los causantes directos de esa otra maldición conocida como "paras", que ha dejado también tantas víctimas y tanto dolor a lo largo y ancho del país, y que ha obligado al Estado a invertir en combatirlos gran parte del presupuesto destinado a educación y salud.


De qué igualdad o equidad pretenden descaradamente hablarnos a los colombianos si entre su misma cúpula existen privilegios ni siquiera imaginados por esa tropa de criminales que tienen a su servicio? Mientras que Timochenco y demás beben en sus festejos whisky faja azul, se movilizan en flamantes vehículos 4x4, se pavonean por las calles de Venezuela en impactantes Harley Davidson, se desplazan a sus anchas a congresos y citas en el extranjero, sus tropas sobreviven en medio de las selvas colombianas en condiciones miserables e insalubres, agobiadas por los hongos, la disentería, la leishmaniasis, el sida, sin esperanza de volver a la civilidad ante el peligro evidente de ser torturados y fusilados por desertores.


Y sin embargo, amigos, a pesar de que tengo bien presente quiénes son los delincuentes con los que el Estado colombiano está en estos momentos dialogando en La Habana y cuáles son sus crímenes, yo también, al igual que todos los colombianos, anhelo la paz , porque después de la libertad la paz es el bien más precioso que puede tener una nación para desarrollarse y alcanzar el bienestar de sus ciudadanos. Ojalá que estas conversaciones de La Habana lleguen a buen término y se logre un tratado de paz digno en el que el Estado colombiano no deba transigir de sus principios y en el que las Farc reconozcan y afronten la responsabilidad de sus crímenes, aunque sea en una mínima parte. 

Como bien lo dijo Desmond Tutu, Premio Nobel de Paz en 1984, en su visita a Colombia: " en todo proceso de paz tiene que existir perdón, olvido y cierto grado de impunidad; de lo contrario, la paz se torna inalcanzable". , pero perdón para el que reconoce sus faltas; olvido para el que promete no volver a cometerlas, y cierto grado de impunidad para lograr un acuerdo. Pero de ninguna manera impunidad total. Una impunidad total como la que se está negociando en La Habana es desde todo punto de vista inaceptable, una bofetada a las víctimas que esperan una reparación. Arrinconadas por la arremetida del Ejército colombiano, las Farc quieren acogerse ahora a un plácido y lucrativo retiro, pero antes deben afrontar, como es apenas lógico, las consecuencias de sus actos.

Pero bueno, en aras de la difícil paz dejemos atrás el pasado y miremos solo hacia el futuro. Hoy los integrantes de la cúpula de las Farc parecen estar prestos a firmar "patrióticamente" los acuerdos de paz, y tal como van las cosas seguramente lo van a lograr. Timochenco, Catatumbo, Márquez, Granda, Ibáñez y compañía, disfrutarán entonces el retorno a la civilidad; podrán incursionar en la política, y una vez en ella, en algo que indudablemente dominan: la demagogia. Seguramente, a la vuelta de muy poco tiempo los veremos en el Congreso votando por cosas tan importantes como el matrimonio gay o la dosis personal y sobre todo, disfrutando de millonarios viáticos y honorarios como probos legisladores de la república.
Resultado de imagen para Santos y sus amigos de las farc
No obstante, y a pesar de la euforia y positiva expectativa que percibo en muchos compatriotas ante la posible firma de este acuerdo, no puedo evitar que me asalte una inquietud:

¿Qué pasará, a partir de la firma del acuerdo, con su creatura, señores de las FARCKENSTEIN? 

¿Con ese monstruo que engendraron hace casi cincuenta años? ¿Con esos miles de criminales que han estado a su servicio durante todos estos años y que han sido adiestrados con tanta pericia en el arte de matar, destruir, secuestrar, realizar atentados, traficar con la droga, y causar muerte, dolor y desolación a lo largo y ancho del país? ¿Se contentarán esas huestes sedientas de sangre y de crimen con convertirse en panaderos, porteros, choferes, jardineros, labriegos..., honestos colombianos? Mucho me temo que la respuesta es NO.

No. No se van a contentar con su nuevo papel de hombres de bien. Porque, aunque los violentos quieren rodear sus crímenes de un aura de patriotismo y de sufrimiento, es mucho más difícil y sacrificado hacer patria día por día con un trabajo honrado, cumpliendo con la ley y con todas las normas morales y cívicas, tal como lo hacen millones de colombianos, que cargando un arma y metiéndose al monte sin Dios ni ley a torturar y asesinar indemnes compatriotas.

No quisiera ser pesimista, amigos lectores, no es esa mi manera de ser, pero mucho me temo que la paz es todavía una utopía muy lejana de alcanzar para el sufrido pueblo colombiano. El monstruo creado por las FARCKENSTEIN no va a desaparecer por arte de magia al firmar un acuerdo. Esa creatura tiene ya vida propia y, cualquiera sea el nombre que adopte en el futuro: bacrim, rastrojos, maras, continuará cometiendo crímenes y haciendo tabla rasa del acuerdo que logren sus  creadores en La Habana.



Otros artículos de la autora



Te invito a visitar también el siguiente blog donde encontrarás temas literarios de actualidad y la actividad cultural del Valle del Cauca y de Colombia: