lunes, 9 de enero de 2012

¿VISITANTES ESPACIALES?

¿Visitantes espaciales?
Leonor Fernández  Riva

El año  que estamos iniciando llega cargado de premoniciones, profecías  y  gran cantidad de creencias populares que van desde la posibilidad de que ocurran en el mundo  grandes transformaciones espirituales hasta un apocalíptico fin de los tiempos. Tal parece que los mayas, principales causantes de todo este revuelo,  tuvieron colaboración foránea en la  sorprendente exactitud de sus cálculos astronómicos. Y eso pone una vez más en el tapete la pregunta: ¿Fuimos visitados en épocas remotas por seres espaciales?  

 Hace pocos días los noticieros y periódicos nos sorprendieron con la noticia de que en  las montañas de  Quispicanchi, provincia del Cuzco,  en el  Perú, se había realizado el hallazgo de un par de momias cuyas características hacían suponer que se trataba de seres  extraterrestres. Los restos  fueron encontrados hace dos años, pero hasta ahora no se había querido  decir nada sobre el asunto. Las momias tienen una estatura  de cincuenta centímetros y el cráneo con una extraña deformación en forma triangular.  Desde que se anunció el hallazgo y se exhibió en el Museo Privado de Ritos Andinos numerosos visitantes  hacen larguísimas colas para acceder al lugar y contemplarlas.
Quienes nos apasionamos por este tipo de hallazgos  nos sentimos emocionados y creímos tener por fin el eslabón que hacía falta para comprobar la realidad acerca de los visitantes espaciales. Nuestra ilusión, sin embargo, duro poco.
Varios expertos que tuvieron acceso a estos restos aclararon que corresponden a los cuerpos de unos “infantes prehispánicos de entre tres y cuatros años de edad”. La deformidad de sus cráneos la atribuyen a un extraño ritual que se realizaba en las civilizaciones Pukará y Tiahuancota,  en las cuales a los niños pertenecientes a la nobleza  se les vendaba la cabeza con el fin de alargarla.
 A pesar de tan decepcionante aclaración  creo que muchos de ustedes estarán de acuerdo conmigo en  que un ritual de deformaciextraño ritual  aciño ritual de deformaciio? manipulaciron sometidos nuestros antepasados a manipulación física tan extraño da qué pensar,  porque muy bien podría tratarse de un intento de esas culturas prehispánicas por lograr en determinados individuos de la realeza características físicas diferentes a las humanas que se querrían imitar.
  
Otro hallazgo similar pero que ocurrió trece años antes,  en Egipto,  fue el realizado por Louis Caparat, un egiptólogo francés,  en un cuarto secreto de la gran pirámide de Keops.  Pues bien, en esta pirámide Caparat habría encontrado en 1988 una momia que según la publicación correspondería a un humanoide extraterrestre. El ET se hallaba en un cofre  de cristal y  parecía estar en un estado de animación suspendida. Junto al cofre se encontró un papiro atribuido al faraón Khufu que dice, entre otras cosas: “Mis descendientes llegarán a las estrellas”.

El cuerpo fue llevado, por orden de la inteligencia egipcia, a un laboratorio de máxima seguridad. Y hasta allí se supo. Nadie nunca más volvió a dar ninguna información. Esa especie de ley del silencio que oculta, ridiculiza o desvirtúa sin mayor investigación este tipo de hallazgos es  algo que  siempre me ha intrigado.  Muchos de ustedes se preguntarán, al igual que yo,  ¿por qué tanto misterio?

Hay no obstante, científicos que contra corriente y arriesgándose a convertirse en mofa del gremio científico  han dedicado su vida a realizar profundas y exhaustivas investigaciones acerca de muchos de estos enigmas. Uno de  ellos es el  controvertido arqueólogo, escritor e investigador ruso  Zecharia Sitchin, quien ha dejado testimonio de sus asombrosas conclusiones acerca de visitantes espaciales  en varias sagas literarias, entre las que se destaca  Las Crónicas de la Tierra.

Zecharian Sitchin, nació en Baku, Azerbaijan, en 1922. Desde muy pequeño adquirió conocimientos sobre  hebreo antiguo y  moderno y más tarde en   lenguas semíticas y europeas, y muy especialmente en el sumerio.

El interés por el tema de los visitantes espaciales comenzó  para  Zecharian cuando estudiaba en el colegio; le intrigaba la palabra “Nefilim”, que significa “aquellos que bajaron” (del cielo a la tierra) que fue traducido en la Biblia en el capítulo 6 del Génesis, como gigantes. Un versículo que,  bien mirado, no deja de tener su misterio, porque lo que allí dice textualmente es: “Cuando los hombres empezaron a multiplicarse sobre la tierra  y les nacieron hijas, los hijos de Dios se dieron cuenta de que las hijas de los hombres eran hermosas y tomaron por esposas de entre todas, aquellas que les gustaron”. Y más adelante continua este pasaje:  “En ese entonces había gigantes sobre la tierra , y también los hubo después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y tuvieron hijos de ellas. Ellos  fueron los héroes de la antiguedad”.  Estos gigantes, según la Biblia,  fueron los Nefilim, los hijos nacidos de los hijos de Dios y las hijas de los hombres.

Pero, ¿existieron realmente esos gigantes, esos Nefilim? Zecharian nos dice que sí.  Responder afirmativamente  le llevó treinta años de investigación: los Nefilim fueron los hijos de los Anunnakis, los dioses  de la mitología sumeria.  Cuando lo entendió  y tamizó  escribió  El 12º planeta. A partir de allí  su búsqueda se expandió. Viajó a prácticamente a todos los lugares del Antiguo y Nuevo Mundo; observó monumentos, esculturas y símbolos; dedicó años a la traducción e interpretación de miles de tablillas cuneiformes sumerias y acadias, inscripciones hititas, jeroglíficos egipcios y otros documentos de la zona para esbozar su teoría acerca  de los visitantes estelares y relacionó  todo a la vez con el Antiguo Testamento. Estudió astronomía   genética y comenzó a comparar todos los datos que ya tenía con los descubrimientos actuales y   abordó la historia de la humanidad y de nuestro planeta de una manera como nadie hasta entonces lo había hecho.

Se conocía ya dónde se inició  la civilización y cómo se desarrolló; pero la pregunta que seguía sin ser respondida era: ¿Por qué? ¿Por qué apareció la civilización?

Más de 4 millones de indígenas viven en Perú (el 14,5% de la población), repartidos en unos 54 pueblos nativos, de los cuales 50 están en la selva amazónica peruana.
Como muchos estudiosos admiten hoy con frustración, todos los datos indican que el hombre debía de estar todavía sin ningún tipo de civilización. No existe ninguna razón obvia por la cual debiéramos estar más civilizados que las tribus primitivas de la selva amazónica o de los lugares más inaccesibles de Nueva Guinea. Suele aducirse que si estos indígenas viven aún como en la Edad de Piedra es porque han estado aislados. Pero, ¿aislados de qué? Si ellos han estado viviendo en el mismo planeta que nosotros, ¿por qué no han adquirido el mismo conocimiento científico y tecnológico que supuestamente nosotros hemos desarrollado? Sin embargo, el verdadero enigma no estriba en el atraso de los hombres de la selva, sino en nuestro avance, pues se reconoce ahora que en el curso normal de la evolución el hombre debería de estar tipificado por los hombres de la selva y no por nosotros.

Al hombre le llevó dos millones de años avanzar en su «industria de la herramienta», desde la utilización de las piedras tal cual las encontraba, hasta el momento en que se percató de que podía despostillarlas y darles forma para adaptarlas mejor a sus propósitos. ¿Por qué no otros dos millones de años para aprender a utilizar otros materiales, y otros diez millones de años más para dominar las matemáticas, la ingeniería y la astronomía? Y, sin embargo, aquí estamos, menos de cincuenta mil años después del hombre de Neanderthal, llevando astronautas a la Luna.


¿Cómo pudimos  dar un salto tan grande en la evolución? Esta pregunta, que no tiene respuesta científica, Zecharia Sitchin la contesta diciendo que este salto evolutivo se logró a través de un cruce genético. Según  él,  los Anunnakis nos ayudaron  por medio de la manipulación genética a adelantar nuestro proceso evolutivo.

«[...] la selección natural, como veremos más adelante, es una fuerza [...] tan inconmensurablemente superior a los débiles esfuerzos del hombre como las obras de la naturaleza lo son a las del arte» La teoría de la manipulación genética, aparentemente descabellada,  tiene,  sin embargo,  algunos datos que parecen sustentarla. Los cromosomas, portadores del material genético,  condicionan la organización de la vida y las características hereditarias de cada especie. En la especie humana, tales características están codificadas en veintitrés pares de cromosomas. Contrariamente a las teorías de Darwin,  no se ha podido demostrar científicamente  que tengamos que ver genéticamente con los primates pues estos poseen una cantidad distinta de cromosomas de  la que tenemos los humanos. Y lo sorprendente es el hecho de que dos de nuestros cromosomas ( uno y dos) parecen haber sido  fundidos para poder ocupar un mismo espacio y encajar genéticamente. Esa fusión no es posible naturalmente; la naturaleza no hace eso jamás. Los cromosomas determinan la condicionalidad de las especies a sus necesidades de sobrevivencia.  Es por demás extraño  que el hombre, a diferencia de otras especies vivas,  tenga la capacidad de hacer muchas más cosas de las que necesita para sobrevivir.


Aunque el Hombre de Cromagnon no construyera rascacielos ni utilizara metales, no hay duda de que la suya fue una civilización repentina y revolucionaria. Su movilidad, su capacidad para construir refugios, su impulso por vestirse, sus herramientas manufacturadas, su arte, todo ello compuso una repentina civilización que venía a romper un interminable comienzo de cultura humana que venía alargándose durante millones de años y que avanzaba a un paso sumamente lento y doloroso.

La marcha del hombre hacia la civilización se confinó, durante los primeros milenios a partir del 11000 a.C, a las tierras altas de Oriente Próximo. En el lapso de no más de tres mil seiscientos años -una noche para los periodos de ese comienzo interminable-, el hombre se hizo agricultor, y  domesticó a las plantas y a los animales salvajes. En todos estos casos, la domesticación se inició en Oriente Próximo. Después, como no podía ser de otro modo, vino una nueva era, que ha sido llamada  la Edad de Piedra Nueva (el Neolítico), un nombre poco apropiado, pues el cambio principal que tuvo lugar alrededor del  7500 a.C. fue el de la aparición de la cerámica.

El descubrimiento de los múltiples usos que se le podían dar a la arcilla tuvo lugar al mismo tiempo que el Hombre dejó sus moradas en las montañas para instalarse en los fangosos valles.
Sobre el séptimo milenio antes de Cristo la civilización de Oriente Próximo estaba inundada de culturas de la arcilla o  ceramica las cuales elaboraban un gran número de utensilios, ornamentos y estatuillas. Hacia el 5.000 a.C, en Oriente Próximo se realizaban objetos de arcilla y cerámica de excelente calidad y diseño.

Pero, una vez más el progreso del hombre  se detuvo, y hacia el 4500 a.C, según indican las evidencias arqueológicas, hubo una nueva regresión. La cerámica se hizo más simple, y los utensilios de piedra -una reliquia de la Edad de Piedra- volvieron a predominar. Los lugares habitados revelan escasos restos. Algunos de los sitios que habían sido centros de la industria de la cerámica y la arcilla comenzaron a abandonarse, y la manufactura de la arcilla desapareció. Según James Melaart (Earliest Civilizations of the Near East), “…hubo un empobrecimiento generalizado de la cultura”. El hombre y su cultura estaban, claramente, en declive.


Después, súbita, inesperada e inexplicablemente, el Oriente Próximo presenció el florecimiento de la mayor civilización imaginable.Una mano misteriosa sacó una vez más al hombre de su declive y lo elevó hasta un nivel de cultura, conocimiento y civilización sorprendentes. Y este admirable desarrollo tuvo lugar  a un mismo tiempo en varias regiones alrededor del mundo desde África hasta América.  Para Zecharia Sitchin esto no fue algo fortuito: visitantes del espacio intervinieron nuevamente  en el desarrollo de la especie humana.



L
a civilización sumeria apareció, sin precedentes, hace seis mil años, en lo que hoy conocemos como Irak meridional. El florecimiento sumerio tuvo  que ver con prácticamente todos los principios esenciales en una civilización avanzada: tecnología, artes, estructuras sociales...
 Uno de estos conocimientos y no el menos importante fue la escritura. Los sumerios registraban absolutamente todo en tablillas de arcilla: las bodas y divorcios, las transacciones comerciales, las ofrendas a los templos. Y en otras más grandes escribieron literatura (cuentos heróicos, poemas, proverbios), así como también  registros históricos y prehistóricos. Uno de los textos más largos, escrito en varias de estas tablillas, es el llamado Enuma Elish,  o La Epopeya de la Creación el cual narra la historia del primer asentamiento en la Tierra de  los primeros  seres inteligentes. Es esta una impresionante saga no menos inspiradora que el descubrimiento de América o la circunnavegación de la Tierra.


Anónimo Sumerio, siglo XXIII a.C. Sello cilíndrico. Genio dando agua a los toros (Telloh). Museum: BRITISH MUSEUM. Stock Photo



Este sello cilíndrico de la cultura sumeria que se encuentra en el  museo de Berlín es asombroso por varias razones: muestra al fondo a mano izquierda,   el sistema solar con el Sol en el centro y diez planetas alrededor, un hecho que se descubrió en Europa hace solo 300 años. También consta en ese grabado el planeta Plutón que no se descubrió sino hasta 1930 y también el planeta Niburo del cual según los sumerios venían los Anunnaki o visitantes celestiales.

Los resultados que Zecharian Sichtin  obtuvo de sus investigaciones lo proveyeron de suficientes pruebas como para  exponer públicamente  su teoría que,  a grosso modo, viene a ser la siguiente:
Existe un planeta llamado Nibiru, que orbita, como el nuestro, alrededor del sol, pero que tarda tres milenios en hacer una pasada completa. Este planeta está  habitado por unos seres que nos han visitado varias veces  a lo largo de la historia y han contribuido a nuestra evolución y desarrollo. Nos visitaron al principio de los tiempos, etapa en la cual nos manipularon genéticamente para acelerar nuestra evolución,  y volvieron siglos más tarde, tal como se cita en el pasaje bíblico a tomar por esposas a las hijas de los hombres. Un buen día,  sin embargo, se marcharon  y quedó en la memoria colectiva de muchos pueblos el recuerdo de aquellos señores que bajaron del cielo y que los sumerios  llamaron Anunnakis.
La Epopeya de la Creación de los sumerios narra que cuando  los Anunnakis  llegaron a la Tierra, hace unos cuatrocientos cincuenta mil  años, alrededor de la tercera parte del suelo firme estaba cubierto de capas de hielo y glaciares. Al llegar a la Tierra en mitad de una situación climática y geográfica como está,  ¿dónde iban a establecer su primera morada?



¿Usaban los Anunnakis relojes? Tal parece que sí como podemos observar  en esta curiosa imagen.

Según deduce Zecharian, buscaron un lugar que tuviera un clima relativamente templado, donde unos simples refugios fueran suficientes y donde se pudieran mover con ropas ligeras, y no fueran necesarios sus pesados trajes aislantes. 
Sólo una estrechísima zona templada de la Tierra reunía todos estos requisitos,  a la vez que  ofrecía  grandes terrenos llanos necesarios para los aterrizajes de sus naves. Así,  pues, nuestros visitantes espaciales centraron su atención en los tres principales sistemas fluviales y en sus llanuras: el Nilo, el Indo y el Tigris-Eufrates, regiones  que reunían las condiciones necesarias para la primera colonización. Con el tiempo, cada una de ellas se convertiría en el centro de una antigua civilización. Después de descender en el Mar Arábigo, los primeros seres inteligentes en la Tierra se trasladaron a Mesopotamia. Y allí, al filo de los pantanos, establecieron el primer asentamiento en nuestro planeta. Lo llamaron Eridu (casa construida en la lejanía),  nombre por demás  apropiado.

Nuestra comprensión del universo ha avanzado enormemente en los últimos años;  paradógicamente,  sin embargo, a medida que el Universo se torna más comprensible se torna también más extraño.
La materia oscura sería más uniforme de lo que se pensaba
 Algunos conceptos parecen sacados de ciencia ficción: la sorprendente calibración precisa de fuerzas en el cosmos; la materia oscura, elemento misterioso e invisible  mucho  más abundante en el universo que la materia que podemos ver; la energía oscura, que permea todo el espacio y  parece ser la responsable de la expansión acelerada del cosmos; la estrella Némesis, aún no avistada que,  según algunos científicos es la causante de las extinsiones masivas que ha sufrido nuestro planeta desde sus inicios. Y, así como estas, muchas, muchísimas  otras incógnitas siguen rodeando de un halo de misterio al Universo,  nuestro sistema solar y  nuestro propio planeta.  ¿Qué había antes del Big Bang?  ¿Cómo empezó todo? ¿Cómo empezó la vida inteligente en nuestro planeta?  ¿Fuimos en el pasado un campamento espacial? 

Zecharia Sitchin cree tener algunas de las respuestas. Sus libros son realmente apasionantes, y sus planteamientos,  bien expuestos y soportados. ¡Fantásticos!,  dirán probablemente con escepticismo muchos de ustedes,  y no les falta razón para pensar así, pero cuando estamos iniciando un año de tanta expectativa como lo es este 2012 quizá  vale la pena  tener abierta la mente a nuevas y sorprendentes realidades y pensar que,  tal como dijo  Pierre Teilhard de Chardin,  religioso, paleontólogo y filósofo francés que aportó a la ciencia una muy personal y original visión de la evolución:  “A escala de lo cósmico solo lo fantástico  tiene posibilidades de ser verdadero".






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martes, 8 de noviembre de 2011

Cápsulas del tiempo, ¿una apuesta al futuro?





Algún día, dentro de muchos años -tal vez miles de millones de años, nadie lo sabe- seres extraterrestres podrían sorprenderse al encontrar una vieja nave procedente de la Tierra. La antigua sonda, situada probablemente a millones de kilómetros de su planeta de origen,  estará helada como el espacio que la rodea, su fuente de energía nuclear hace mucho que se habrá agotado, una antena blanca e icónica apuntará silenciosa hacia el vacío sin enviar dato alguno a la especie que la construyó. Pero aun así podrá hablar a quienes la encuentren,  y si un extraterrestre logra descifrar su contenido se emocionará porque la Voyager tiene una historia para contar. Una historia de amor.


Hace cuarenta y dos años,  el 16 de julio de  1969,  la  primera misión espacial tripulada a bordo de   la nave Apolo 11,  de la NASA,  llegó  a la superficie de la Luna. La tripulación, que  luego de ese espectacular viaje se inscribió en la historia,  estaba compuesta por Neil A. Amstrong de treinta y ocho  años, Edwin Aldrin, de treinta y nueve,  y Michael Collins, de treinta y ocho años.


Recuerdo como si fuera ayer la expectativa que causó en todo el mundo ese  primer y único viaje tripulado a la Luna. Expectativa que tuvo gran despliegue de prensa y uno que otro apunte  jocoso. Una de las muchas caricaturas publicadas por aquellos días en relación con el acontecimiento mostraba   la nave en el momento de alunizar y a un curioso desde la Tierra  preguntándose: “¿Será de miel?”.

Aunque los científicos habían afirmado fehacientemente que las condiciones de la Luna no eran propicias para la vida, la verdad es que prácticamente todos albergábamos la esperanza de encontrar alguna clase  de vida en nuestro romántico satélite.


Luego de la espectacular trasmisión televisada,  que el mundo entero presenció emocionado segundo a segundo, muchos sentimos una profunda  decepción a la vista de  la soledad infinita y  los yermos y desiertos arenales de la Luna que confirmaban lo que ya conocíamos. Nada. Ni una sola huella de un ser viviente. Ni un solo vestigio de alguna remota civilización. Continuábamos solos en el espacio.

La emoción había dejado paso a la desilusión. Después de esta hazaña las noticias acerca de  la conquista del espacio fueron ya mucho menos espectaculares. La carrera espacial no se detuvo,  claro está, pero en adelante su trasegar fue mucho más sosegado.

Por mi parte, la expectativa  que generó en mí ese primer escarceo espacial tripulado a la Luna no volvió  ya a repetirse sino varios años después, en 1972, luego del lanzamiento desde Cabo Cañaveral de las sondas Pioner de la NASA.  Y es que  una de ellas, la Pioner 10,  fue  enviada al espacio  con la misión no solo de observar a Júpiter y Saturno,  los dos gigantes gaseosos de nuestro sistema solar,  sino también de llevar un mensaje de la Tierra a  cualquier extraterrestre que se topase con ella durante su viaje a través de los complicados laberintos estelares. Y esa posibilidad me llenaba de emoción.

El mensaje de la Pioner 10 fue grabado en plaquetas ideadas por el científico Carl Sagan y dibujadas por su esposa Linda Salzman Sagan, con la intención de que fueran relativamente fáciles de descifrar por extraterrestres a los que les comunicarían de esta manera  ciertos aspectos básicos de nosotros.

En una de ellas aparece  una pareja desnuda, de pie y  en actitud pacífica,  para dar a conocer el aspecto físico de los seres humanos  y su intención de paz. En un  principio la pareja fue dibujada tomada de las manos,  pero se cambió esta idea porque se reflexionó en que  un observador extraño podía interpretar esa imagen como si se tratara  un solo cuerpo.  fanáticos religiosos  consideraron inmoral que se enviara al espacio la imagen de una pareja desnuda,  pero sus protestas no tuvieron eco.

En el centro de otra de estas plaquetas se trazaron  una serie de líneas que partían de un punto. Una especie de mapa que indicaba la ubicación de la Tierra en el Universo. El punto central en este mapa era nuestro planeta, y las líneas indicaban las direcciones hacia los pulsares más significativos cercanos al sistema solar; cada uno con su indicativo en numeración binaria.

Se hicieron llegar  copias de estas placas a varios científicos del mundo para que dieran su opinión al respecto, y lo curioso del asunto es que  la gran mayoría de ellos no entendió el mensaje. Y eso que tenían la  gran ventaja  sobre los alienígenas a los que iba dirigido de que pertenecían  a este planeta. Es de esperar que nuestros hermanos estelares sean un poco más listos.

La Pioneer 10  sigue actualmente viajando por el espacio. Hace dos años  la NASA intentó contactarse con ella pero fue un intento infructuoso. Se sabe sin embargo, que la nave continúa su marcha rumbo a la estrella Aldebarán, de la constelación de Tauro, a la que arribará dentro de 1.690.000 años, hora más, hora menos.

Y el tiempo siguió su marcha. Pasaron cinco años  durante los cuales no volví a tener noticias de las sondas espaciales. ¿Qué habrá sido de ellas?,  me preguntaba. Pensaba que ya nada me volvería a entusiasmar con respecto al espacio.

Pero en 1977 mi interés resurgió con fuerza  al conocer el lanzamiento de las sondas  Voyager  de la NASA con un nuevo y más completo mensaje para nuestros hermanos del espacio: un disco de oro con  profusa información sobre nosotros y sobre nuestro planeta. ¡Algo emocionante!

El equipo que armó este disco de oro estuvo también  dirigido  por Carl Sagan, y  conformado por  Frank Drake, Ann Druyan, Timothy Ferris, Jon Lomberg y Linda Salzman Sagan. Todos ellos estuvieron de acuerdo en que el disco contuviera una selección de la mejor música de la Tierra, una galería de fotos de nuestro planeta y de sus habitantes,  y un ensayo sobre sonidos terrestres, tanto naturales como tecnológicos, con soporte de audio.

Pero, ¿cómo guardar toda esa información? Era complejo y difícil escoger el mejor medio para trasmitir el mensaje.

“Después de varios intentos que no nos satisfacían del todo, finalmente decidimos diseñar un disco para que sonara a 16 2/3 revoluciones por minuto”, explicó luego Sagan y añadió: “Probablemente tendríamos algunas pérdidas respecto de la fidelidad del sonido, pero no serían extremadamente graves. Estábamos seguros de que quienes  encontraran el disco serían  tan listos como para saber manipularlo correctamente”.

Escoger el contenido del disco fue un proceso embriagante pero agotador. Aun con la velocidad de reproducción disminuida había apenas suficiente espacio para unos noventa  minutos de música y poco más de cien imágenes.

                                                                  El Condor Pasa - 

  

   La selección final contiene  entre otras la Quinta sinfonía, de Beethoven; Johnny B. Goode, de Chuck Berry; el Cóndor pasa, del Perú; Melanchooly Blues, de Luois Armstrong; Canto nocturno, de los indios navajos de Estados Unidos; la Consagración de la primavera, de Stravinsky; y muchas otras melodías de América y del mundo.

                                                                                         
Cuando todo estuvo dicho y hecho, las naves espaciales Voyager despegaron con ciento dieciocho fotografías, noventa  minutos de música,  saludos en cincuenta y cinco  idiomas humanos y un lenguaje de ballenas,  un ensayo con soporte de audio que contenía desde pozos de lodo burbujeantes hasta perros ladrando y el estruendoso despegue de un cohete Saturno V, un extraordinario saludo  poético  del Secretario General de las Naciones Unidas y... las ondas cerebrales de una joven mujer enamorada. De todas las selecciones hechas para el disco esta  última puede  ser la que quizá despierte más curiosidad en los extraterrestres que descubran la sonda.

“Me surgió la idea”, recuerda Ann Druyan,“de poner el electroencefalograma de alguien en el disco porque conocía que los patrones de los electroencefalogramas registran algunos cambios en el pensamiento. Y entonces me pregunté: ¿No sería posible que alguna tecnología avanzada, dentro de millones de años, pudiera descifrar los pensamientos humanos?”.

Sagan y los demás miembros del proyecto  aprobaron la idea y pidieron a Druyan que fuese  voluntaria para someterse al estudio de las ondas cerebrales.

Carl Sagan y Ann Druyan un amor tan grande como el CosmosEl electroencefalograma fue programado para el 3 de junio de 1977. Ann Druyan preparó un libreto para guiar sus pensamientos: un itinerario mental de las ideas e individuos de la historia cuya memoria esperaba poder perpetuar. Pero algo sucedió  que tuvo la virtud de añadir  a ese encefalograma la emoción de una mujer locamente enamorada.


“El 1 de junio de 1977 Carl y yo mantuvimos una maravillosa e importante conversación telefónica”, recuerda Ann. Sin que hubiese una cita o tan siquiera un solo momento romántico previo los dos se habían enamorado durante los alocados apurones por terminar el disco de oro. “Decidimos casarnos. Para ambos fue simplemente un momento de esos en los que se exclama: ¡Eureka, lo encontré! ¡Encontré el verdadero amor!”.

Los ecos de aquel momento reverberaron en la mente de Ann durante la grabación. Su mente consciente pudo haber estado recitando cultura y filosofía, pero su subconsciente zumbaba con la euforia del amor.  La hora de grabación fue comprimida a un solo minuto que suena muy parecido a una tira de petardos en explosión.

“Mis sentimientos de mujer de veintisiete años, locamente enamorada están en ese disco”, dice Druyan. “Es para siempre. Será verdadero dentro de cien millones de años. Para mí, las sondas Voyager son una especie de alegría tan poderosa que me aleja del miedo a morir”.
Si los extraterrestres alguna vez encuentran las sondas Voyager y descifran su contenido, estarán brevemente en contacto con docenas de músicos, artistas, ballenas, perros, grillos, ingenieros y gente trabajadora común. Pero al único ser humano que tendrán oportunidad de conocer verdaderamente es a esa joven mujer. 

La sonda Voyager, cual una botella con un mensaje en su interior, es una apuesta al futuro que los habitantes de la Tierra  enviamos  al inmenso océano del espacio. Pero  pudiera  acontecer  que quienes luego de decenas o cientos de años encontraran las sondas Voyager fuésemos  nosotros mismos. El escritor Arthur C. Clarke reconoció esa posibilidad y sugirió añadir esta  nota al disco de oro: “Por favor, déjenme en paz;  permítanme continuar mi viaje hacia las estrellas”.
 

¿Fue la Sonda Voyager 2 hackeada por alienígenas?Actualmente se trabaja  en  Europa  en otro proyecto fascinante: el lanzamiento al espacio de la sonda espacial Keo, que  llevará en su interior mensajes de los habitantes de la Tierra  para  quienes la habiten dentro de cincuenta mil años, cuando la órbita del satélite vuelva a pasar por la Tierra. Este proyecto está  apoyado por la UNESCO, la Agencia Espacial Europea y otras instituciones.  

Se ha invitado a cada persona del mundo a que escriba un mensaje dirigido a quienes  habiten nuestro planeta dentro de cincuenta mil años.  Los organizadores han recolectado mensajes de niños, adultos, adultos mayores, profesionales, científicos y  analfabetas para representar cada sector cultural y demográfico de la Tierra. Keo también llevará un diamante que contendrá una gota de sangre del ser humano y muestras de aire, agua, mar y suelo. El genoma humano del ADN estará grabado en una de sus caras. Contendrá también un reloj astronómico que demostrará los índices actuales de la rotación de varios pulsares, fotografías de gente de todas las culturas y un compendio enciclopédico del conocimiento humano actual. Los mensajes y la biblioteca serán codificados en DVD hechos de cristal, resistentes a las radiaciones, con instrucciones simbólicas que mostrarán a buscadores futuros cómo construir un lector de DVD que muy probablemente no existirá dentro de cincuenta mil años. El proyecto Keo fue concebido en 1994 por el científico francés Jean- Marc Phillippe, pionero del arte espacial. Aunque su lanzamiento estaba previsto para el 2010, dificultades técnicas lo han postergado. Probablemente  la sonda será enviada al espacio en algún momento  del 2012. Así que todavía estamos a tiempo de enviar  nuestros mensajes a este link: Pagina oficial del proyecto KEO]

El envío de las  Pioner y las Voyager  al espacio con su mensaje a otros seres inteligentes  despertó en mi un gran interés por estas  cápsulas del tiempo, que no son solamente espaciales y mucho menos recientes como muchos pudiéramos creer. Desde hace siglos la humanidad ha preparado y preservado celosamente cientos de cápsulas del tiempo con sus  mensajes para el futuro. De hecho, en  La Epopeya de Gilgamesh, grabada en doce  tablillas de arcilla con inscripciones cuneiformes y considerada la narración escrita más antigua de la historia (siglo XXVII a.C.), se dan instrucciones para encontrar una caja de cobre oculta entre los cimientos de las murallas de Uruk. Gilgamesh, el mitológico heróe-rey,  dice  en uno de los versos algo así como: “Tenía monumentos de bronce e inscripciones de arcilla cocida, los deposité en los fundamentos y los dejé para tiempos futuros”.

En Colombia  también hemos tenido nuestra cápsula del tiempo.  El martes 20 de julio de 2010,  aniversario de nuestra independencia,  las autoridades municipales abrieron una urna metálica fabricada a principios del siglo XX  en Francia  en la cual el 31 de octubre de 1911 el Cabildo distrital de la época archivó, con motivo de los primeros cien años de independencia,  algunos documentos de importancia histórica con la premisa de que la urna fuera abierta luego de  cien años. Al abrirla se encontraron efectivamente algunos documentos interesantes  y  curiosos de la época. La Alcaldía de Bogotá realiza actualmente una convocatoria ciudadana para saber qué  se debería guardar  en la urna  que contendrá un mensaje para ser conocido por los habitantes de Colombia luego de un siglo,  el 20 de julio del año 2112.u


De acuerdo con el historiador William Jarvis, considerado un experto en cápsulas del tiempo, la inmensa mayoría de estos artefactos contiene elementos de muy poco valor para los historiadores futuros. En general, dice Jarvis, se las rellena con basura inútil, cosas que aportan muy poca información sobre la gente de la época”.

 En el fondo, las cápsulas del tiempo no son otra cosa que una muestra de la ambición de trascendencia del género humano. En las ultimas décadas se han creado miles de  ellas con el fin de ser abiertas sólo dentro de varios siglos. Sus constructores tienen la esperanza de que en el futuro habrá alguien aquí para abrirlas y maravillarse con su contenido. Independientemente de su efectividad, las cápsulas del tiempo proporcionan una interesante oportunidad para reflexionar sobre la fugacidad de la existencia  y la desaparición de las culturas.

Como es fácil imaginar, y con la memoria cada vez más frágil del ser humano para recordar sucesos del pasado, existe el riesgo de que su ubicación (o incluso su misma existencia) sea olvidada, por lo que se ha creado una organización, llamada  Sociedad Internacional de las Cápsulas del Tiempo, con el fin de mantener una base de datos mundial de todas las existentes.
  
Desde luego, no todos compartimos  el mismo interés por estas urnas portadoras de pasado y hasta hay quienes consideran peligroso incluir en las sondas espaciales placas que indiquen la posición de nuestro planeta  en el espacio porque, según alegan,  esta información  podría ser utilizada por alienígenas guerreros para llegar hasta la Tierra e invadirla.

Mi opinión al respecto es que no corremos ningún riesgo de ser invadidos.  Quizá en otros  momentos de nuestra historia pudimos  ser atractivos para los extraterrestres, pero debemos reconocer que las circunstancias han cambiado y  que actualmente el nuestro es un planeta con pronóstico reservado.

En el caso fortuito de que un  alienígena llegara  a la Tierra no tardaría mucho tiempo en observar nuestro insaciable instinto de depredación, nuestra agresividad, nuestros incontables conflictos, la contaminación, el calentamiento global, la deforestación y los innumerables problemas de todo tipo que  acosan al planeta y a su población.

 ¿Saben qué pienso? Que si este alienígena  tiene unos cuantos dedos de frente,  volteará inmediatamente  la cola y se alejará lo más rápidamente posible de este encantador planeta azul. 

¿ No lo creen así también, ustedes, amigos lectores?




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