domingo, 24 de junio de 2012

UN TEMA CALIENTE


Un tema caliente
Leonor Fernández Riva

“No importa lo que es verdadero; sólo importa lo que la gente cree que es verdad". 
Paul Watson  (co- fundador de Greenpeace). 


Al momento de empezar a escribir este artículo concluía en Brasil la Conferencia Sostenible de Río de Janeiro, evento que pasará a la historia como Río +20  en el cual  participaron 193 países y cientos de ONG. Fueron tantos los asistentes (75.000), que la primera mandataria brasileña se vio en la necesidad de pedir  camas hasta a los moteles de Río de Janeiro para suplir la demanda. 


Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU,  la calificó a su  inicio como una de las más importantes conferencias ambientales de la historia,  pero, desafortunadamente, luego de su clausura fue considerada mayoritariamente  como un fracaso por la ausencia de resultados tangibles. No se hicieron acuerdos ni se firmaron convenios debido principalmente a la falta de liderazgo y  a que  cada bloque llegó con  sus propios intereses. Los países del Norte le apostaban a la economía verde, los del Sur temían  que este tipo de proteccionismo verde se convirtiera  en un chaleco de fuerza que impidiera su desarrollo; una falsa solución que agravaría el problema de la mercantilización de la vida. El  documento final adoptado por los líderes mundiales subrayó como las principales amenazas para el mundo:  la desertificación, el agotamiento de los recursos pesqueros, la contaminación, la deforestación, la extinción de miles de especies y el calentamiento climático, cuya solución fue catalogada como uno de los principales desafíos de nuestro tiempo.
 
Y es precisamente del calentamiento global ( espero no se hayan hecho ilusiones con el título) de lo que trata este artículo. Pero antes de entrar en materia,  voy a hablarles brevemente del efecto invernadero. 

El dióxido de carbono -también denominado óxido de carbono, gas carbónico o anhídrido carbónico- es  un gas crítico en el control del balance de la temperatura de la Tierra, o lo que es lo mismo, en el efecto invernadero, porque absorbe la radiación infrarroja, la cual es,  básicamente, calor. Sus moléculas están compuestas por dos átomos de oxígeno y uno de carbono y su fórmula química es:  CO2.  

Antes de la era industrial la concentración de CO2.  en la atmósfera de nuestro planeta era de 280 ppm (partes por millón). Hoy, el nivel es de 360 ppm. Esto representa un aumento de cerca del 30% en menos de trescientos años. Para la tierra, esta es una tasa de cambio sin precedentes, aproximadamente diez mil años de cambio comprimidos en cien años. Cambios tan  rápidos pueden causar caos biológico y perturbar la producción agrícola. La retención del carbono se produce a través de la fotosíntesis de las plantas, y la emisión a la atmósfera, a través de la respiración animal y vegetal. 

La radiación visible que llega a a Tierra desde el Sol, pasa a través de la atmósfera y entra en contacto con la tierra. Una porción de la radiación es absorbida y radiada de vuelta al espacio como RI( radiación infrarroja).  El CO2. atrapa esta RI y la refleja de nuevo hacia la superficie de la tierra causando así  más calentamiento. Esto es lo que  se llama el efecto invernadero. Pero hay que tener en cuenta que existe una cantidad importante de vapor de agua  (humedad y nubes) en la  atmósfera terrestre y que el vapor de agua es también  un gas de efecto invernadero…  y más eficiente que el CO2. Si la adición de CO2 a la atmósfera aumenta levemente la temperatura, más vapor de agua se evaporará desde la superficie de los océanos. A este proceso se le conoce como la retroalimentación (water vapor feedback en inglés). El dióxido de carbono, junto con el  vapor de agua y otros gases, es uno de los causantes  del efecto invernadero (G.E.I.) que permite que la Tierra  tenga una temperatura  tolerable. Sin el efecto invernadero,  el agua se congelaría,  y por el  contrario, con excesivo efecto invernadero,  el agua herviría dejando la superficie de la tierra como un desierto.

El efecto invernadero está íntimamente ligado al calentamiento global, un problema que nos afecta a todos y que me ha parecido interesante compartir hoy con ustedes porque, aunque parezca mentira,  respecto a este tema, sus causas y sus responsables  hay puntos de vista diametralmente opuestos.  Y es que esta espada de Damocles que aparentemente pende sobre la humanidad tiene también sus  detractores. Nos enfrentamos a una controversia científica. Y una controversia muy caliente, como verán.
Me atrevo a asegurar que a estas alturas,  prácticamente todos los habitantes de la Tierra hemos escuchado en alguna ocasión las palabras: "calentamiento global". Diariamente se habla de este problema en los periódicos y en la televisión y cada año se publican decenas de libros e innumerables revistas sobre el tema. Desde hace ya varias décadas el mundo vive en continua zozobra  con motivo de   las apocalípticas consecuencias  que se nos dice aguardan al género humano  como  resultado directo de su comportamiento ecológico. Pero, sorpréndanse, amigos, en el tema del calentamiento global la comunidad científica no está unida. 
Es más, ¿Qué opinarían ustedes si alguien les dijera que la  alarma climática y las desastrosas consecuencias de  las que se hace  principal responsable al hombre, ha sido un montaje falso orquestado  desde hace años desde las altas esferas del poder  con  propósitos no muy claros? 
Pues bien, esta es, ni más ni menos,  la insólita denuncia que de manera  soportada y verosímil se realiza en el documental científico titulado The Great Global Warming Swindle,  La gran estafa del calentamiento global (documental doblado versión completa, no censurada) producido y emitido por el Canal 4 en Gran Bretaña en 2007. Curiosamente, a los planteamientos expuestos en este documental no se les ha dado mayor difusión y no son por tanto conocidos por el gran público. 

 El film   muestra a un grupo de eminentes científicos atacando a la “propaganda” que según ellos está matando a  los pobres del mundo. Incluso se presenta al cofundador de Greenpeace, Patrick Moore expresando  que los países africanos deberían ser animados a producir más CO2 (¡!).  Alegan que el cambio climático es natural, que ha estado ocurriendo durante años y que  el desprendimiento de hielo de los glaciares sucede precisamente en la primavera, algo tan normal como que las hojas de los árboles caigan en otoño.  
Patrick Moore
Mientras que  el público ha sido conducido a creer que "todos" los científicos importantes comparten la histeria del calentamiento global y la agenda política que va de la mano, en la práctica, muchos de los informes oficiales de Naciones Unidas o la Academia Nacional  de Ciencias están escritos por burócratas pero avalados con los nombres de importantes científicos que efectivamente, fueron   “consultados”, pero cuyas conclusiones contrarias han sido ignoradas. Algunos científicos cuyos nombres fueron citados en varias de las publicaciones sobre el tema  afirman enfáticamente  que ellos,  ni redactaron esas publicaciones, ni dieron su aprobación y algunos hasta  han llegado a amenazar con demandas si sus nombres no son retirados de los artículos. Es interesante acotar que más de 17.000 científicos han firmado una petición distribuida por el Oregon Institute of Science and Medicine diciendo, en parte, "no hay evidencia científica convincente de que la liberación de dióxido de carbono, metano u otros gases de efecto invernadero está causando o, en el previsible futuro, cause calentamiento catastrófico de la atmósfera terrestre y la interrupción de el clima de la Tierra. 

Permanentemente se nos reitera  que el clima está cambiando, que los desastres naturales se han intensificado  a la vez que se han ido tornado más frecuentes y que todo esto se debe a que nuestra atmósfera está sufriendo un calentamiento sin precedentes debido a la acumulación de CO2. generado principalmente por la actividad humana y que el  planeta irremediablemente  se dirige al desastre. Pero lo que según los productores del film no  se dice es que El CO2. de la atmósfera es un gas inevitable e impredecible que está en todas partes y que, en tanto las emisiones de sustancias contaminantes y tóxicas pueden ser reguladas o eliminadas mediante reglamentaciones de alcance local establecidas por los gobiernos, con las emisiones de CO2. no se puede proceder así.  Tampoco se dice que la mayor cantidad de CO2. de la atmósfera no proviene  de la compleja actividad humana sino de los mares,  y que  los resultados que se muestran no están conectados con las emisiones de carbono originadas por el hombre  sino que son manifestaciones de un proceso de cambio en curso, originado mayormente a partir de la actividad solar. No hay duda de que el globo se está calentando, pero se ha calentado y enfriado ya antes, y no es tan cálido ahora como lo era hace unos siglos, antes de que hubiera ningún automóvil y antes de que hubiera tanto consumo de combustibles fósiles como ahora.

Todas las predicciones del calentamiento global se basan en modelos de computadora, no en datos históricos.  Fuentes confiables acerca de la temperatura no muestran ninguna tendencia al calentamiento global. Lecturas satelitales de la temperatura en la troposfera inferior (donde científicos de un área predicen que de inmediato se reflejaría un calentamiento de la Tierra) no muestran calentamiento desde las lecturas que se iniciaron hace 23 años. 

Por otra parte, como señalan algunos entendidos, una modesta cantidad de calentamiento global, en caso de que ocurriera, sería beneficiosa para el mundo natural y la civilización humana. Las temperaturas durante el Período Cálido Medieval (aproximadamente 800 a 1200 dC), permitieron que los vikingos habitaran la actualmente inhóspita Groenlandia, que era más alta incluso que el peor de los escenarios reportados por el IPCC. El período comprendido entre el 5000-3000 aC aproximadamente, conocido como el "clima óptimo", fue aún más cálido y marcó "un momento en que la humanidad empezó a construir sus primeras civilizaciones", observa James Plummer y Frances B. Smith en un estudio de Consumer Alert. "Existe una buena razón para creer que un clima más cálido tendría un efecto similar sobre la salud y el bienestar propio mucho más avanzadas y adaptables la civilización de hoy." 

  La IPCC (El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU) no ha demostrado que las actividades humanas estén causando el calentamiento global. Ese, es no obstante,  según se afirma en La gran estafa, el pretexto perfecto para empezar a plantear un gobierno global,  el sueño de la planificación de la economía mundial en manos de un selecto comité de "sabios" designados en el Club de Roma y entronizados en la ONU. 

Y, dirán ustedes, ¿qué se persigue con todo esto? Pues bien, tal parece que el objetivo central de la “economía verde” sería  crear, para la inversión privada, un mercado del agua, del medio ambiente, de los océanos, de la biodiversidad, etc. y asignar  precio a cada elemento con el objetivo de garantizar las ganancias de los inversores privados. De tal modo que la “economía verde”, en vez de crear productos reales, organizará un nuevo mercado inmaterial de bonos e instrumentos financieros que se negociarán a través de los bancos. Así, cuando cada gobierno de la Tierra deba someter sus proyectos a un egregio "Comité de sustentabilidad climática" de la  ONU, cuando cada ser humano en el mundo tenga asignada una cuota personal máxima  de emisión de CO2. se habrá convertido el mundo en un inmenso gulag ( campo de trabajo forzado en Rusia). Este comité de sabios  tendría ya definido que la única solución integral a la crisis sería  reducir la población a niveles "sustentables". Los conceptos expresados a este respecto por algunos miembros del Club de Roma son, por decir lo menos, sorprendentes. Según Ted Turner, multimillonario dueño de CNN quien ha donado mil millones de dólares de la ONU para la lucha contra el calentamiento global, "una población total de doscientos cincuenta a trescientos millones de habitantes -o sea, una disminución del 95% de la actual- sería la ideal"¡¡!!).  

Maurice Strong
 Una de las facetas más polémicas y controvertidas de este documental, es que en él se muestra como uno de los ideólogos de esta oscura trama nada menos que a Al Gore, cuadragésimo quinto vicepresidente  de los Estados Unidos bajo la presidencia de Bill Clinton y candidato a la presidencia del país en el 2000,  galardonado en el 2007 con el Premio Nobel de la Paz  y luego con el Príncipe de Asturias por su contribución a la reflexión y acción mundial contra el cambio climático, el mismo que en el 2006 protagonizó el documental ganador del Óscar: Una Verdad Incómoda que trata del cambio climático del que responsabiliza a las personas, sus gobiernos e industrias, y  uno de los mayores accionistas de Occidental Petroleum Inc.,  Pero  Al Gore sería solo la cara visible de esta descomunal estafa. Detrás de él se asegura está Maurice Strong un magnate del petróleo que en 1972 lanzó en Estocolmo,  desde el más alto podio de la ONU,  la agenda ambiental,  que con el tiempo se fue trasformando hasta llegar a convertirse en la “agenda climática” de la actualidad.  Es casi imposible tratar de realizar un listado de los  "contactos"  con los que este hombre singular ha tejido la más fantástica red de influencias. Resulta escalofriante constatar cuánto poder político y financiero puede llegar a concentrarse en un  solo hombre que no ha ganado elección alguna, que permanece en semi-sombras y sobre el cual nadie sabe a ciencia cierta ante quién o qué responde. Actualmente Strong está radicado en la China, país en el cual   presta su asesoría al gobierno con la ventaja de que aquel es un gobierno inamovible sin las molestas elecciones periódicas de occidente. Según  ha expresado Strong en incontables ocasiones,  la ONU debería pasar a ser la gestora  de los océanos, de la atmósfera, del espacio exterior y en general, de  todo lo que se pudiera definir como "patrimonio común".

 El concepto de “desarrollo sostenible” está presente en todos los documentos del Club de Roma, y explícito en todos los “proyectos” de la ONU. En un futuro próximo todos los países tendrían que  someter sus planes de desarrollo al escrutinio de la organización, que los visaría o  no en relación a su “sostenibilidad". Pero todo este entramado requiere millonario apoyo económico que solo puede obtenerse cuando se generan las condiciones adecuadas. La teoría sobre el clima se ha transformado así  en una  ideología política y en una excelente fuente de ingresos.  Los científicos del clima necesitan que exista pánico  para lograr recaudar fondos. Es así como un miedo mediático se ha convertido en la idea definitoria de una generación; una idea que ha ido evolucionado hacia un movimiento que puede evitar o frenar el progreso de los países en desarrollo; un modelo burocrático que  provee  empleo a miles de personas. Si esta teoría colapsara, colapsarían también miles de puestos de trabajo.

Empero, lo más desalentador con respecto al calentamiento del planeta  es comprobar que los costosos esfuerzos por  reducir rápidamente las emisiones humanas de gases de invernadero  no protegen  a la Tierra del cambio climático. La plena aplicación del Protocolo de Kyoto por parte de todas las naciones participantes reduciría la temperatura global en el año 2100 en apenas 0,14 grados Celsius. Lamentablemente, estos programas no tendrán prácticamente ningún impacto en las emisiones globales de gases invernadero.

Amigos lectores, al enseñarles esta otra cara de la moneda con respecto al calentamiento global, no ha sido mi intención convertirme en "abogada del diablo". De ninguna manera. Mi deseo ha sido solamente compartir con ustedes algo que actualmente suscita polémica en la comunidad científica.  Creo que  estarán de acuerdo conmigo en que las explicaciones científicas que se reciben de uno y otro lado con respecto al tema son lo suficientemente complejas y a la vez razonables como para que el común de los mortales nos sintamos absolutamente desorientados y sin poder determinar cuál de ellas es la valedera. Pienso  que es importante conocer los diferentes  puntos de vista  y llegar a nuestras propias conclusiones.  Como solemos decir en Colombia "es saludable no tragar entero", aunque en ocasiones el placer de saber la verdad es tan peligroso como tener a la mentira de amiga.

Independientemente sin embargo, de la lectura que se haga de las causas  del calentamiento global es indudable,  que a cada uno de nosotros Sí nos corresponde una cuota de responsabilidad en la producción y avance de este fenómeno,  y que  debemos asumir  con decisión el compromiso de reducir al máximo nuestro aporte al desastre. Y, desde luego, no podemos negar tampoco nuestra responsabilidad frente a la contaminación y otros factores ambientales que causan daños irreversibles a nuestro ecosistema.

Las generaciones futuras  merecen que pongamos especial cuidado en la preservación de esta buena y vieja Tierra, hoy excavada, arada, talada y desecada sin piedad, pero que es y seguirá siendo -al menos mientras las condiciones ambientales lo permitan-  nuestro único, amable y cálido hogar en el universo. Me parece pertinente concluir este artículo con la sabiduría   de una profecía india que espero nunca se haga realidad:

Solo después de que el último árbol sea cortado. Solo después de que el último río sea envenenado. Sólo después de que el último pez sea apresado. Solo entonces sabrás que el dinero no se puede comer.


viernes, 25 de mayo de 2012

En hablando de inteligencia...y de inteligentes

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Amigos lectores:

Voy a hablarles en esta ocasión de un tópico  que a mi parecer es a la vez sensible (muy sensible), y complejo: la Inteligencia.

Sensible,  porque es una condición del ser humano que todos creemos poseer en grado sumo y que no nos agrada para nada  que se ponga en entredicho. Creo no equivocarme al afirmar que la gran  mayoría de nosotros estaría  dispuesto a reconocer su mala memoria,  pero nunca su escasa inteligencia.

Y complejo, porque hay todavía muchas preguntas a ese respecto para las que no existe una respuesta concluyente. No se sabe por ejemplo, con exactitud,  cuando o por qué causa el ser humano devino en inteligente; no comprendemos con claridad cómo se mide correctamente el coeficiente intelectual de las personas ni si estas evaluaciones son absolutamente fidedignas,  y lo más desconcertante, no comprendemos por qué causa aquellas personas aparentemente privilegiadas que poseen altos índices de inteligencia no son necesariamente más felices, creativas o productivas que "otritas" que no vamos precisamente punteando en las respectivas tablas de medición intelectual.
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Nuestra sociedad parece no estar preparada para incentivar y cultivar a niños especialmente inteligentes de la manera que sí lo hace con las figuras del deporte. Si bien es cierto que algunas mentes excepcionalmente brillantes son reconocidas y valoradas,  también lo es,  que existe muchísima gente extremadamente inteligente trabajando en ocupaciones que no están a su nivel y muchas más que en su vida personal son un completo desastre, tal y como se podría corroborar echando un vistazo a la lista de miembros de Mensa (el club de los más inteligentes del Planeta).

 Es curioso,  pero se ha demostrado que las personas favorecidas con un elevado coeficiente intelectual tienen más problemas emocionales, y una menor capacidad de adaptación al mundo social, lo que hace que muchas de ellas no logren destacarse y ni siquiera alcanzar puestos decentes en el mundo laboral a pesar de que tienen la capacidad intelectual de desarrollar mejor que los demás ciertas actividades. Paradójicamente,  estas personas especialmente dotadas intelectualmente son también las que más difícilmente logran alcanzar la felicidad,  quizá porque son más conscientes   de la tragedia del ser humano, de las desgracias e injusticias que lo rodean,  de sus propias miserias y carencias y suelen reflexionar sobre todas estas cosas  con mayor intensidad.

Hace un tiempo le preguntaron al prestigioso neurólogo Kenneth Pugh, de la Universidad de Yale, cuál era su concepto de inteligencia. Pugh, un hombre que lleva años estudiando las funciones del cerebro, y que preside uno de los laboratorios más importantes de Estados Unidos, respondió: “En el sentido más amplio, la inteligencia es la habilidad de desarrollar nuevas habilidades y estrategias para resolver problemas. Es la capacidad de desarrollar conocimiento en un modo que se adapte a las necesidades". Me parece una idea razonable para un concepto que no termina de ser definido. Si indagamos un poco en la etimología de la propia palabra inteligencia encontramos en su origen latino inteligere, compuesta de intus (entre) y legere (escoger). De aquí podemos deducir que ser inteligente es saber elegir la mejor opción entre las que se nos brindan  para resolver un problema. El asunto, sin embargo sigue siendo complejo porque actualmente se habla de inteligencia emocional, de inteligencia creativa, de inteligencia musical, de inteligencia lógico-matemática, de inteligencia espacial, de inteligencia lingüística, de inteligencia interpersonal... ¡uffff!, y muchas otras, y créanme, es bastante difícil, poseerlas todas.
Cabe anotar, sin embargo, que los humanos no tenemos el monopolio de la inteligencia. En mayor o menor medida todos los seres vivos la poseen. Muchos animales tienen lo que conocemos como inteligencia instintiva y pueden alcanzar algún raciocinio  gracias a un entrenamiento riguroso.  En algunos casos los animales domésticos pueden incluso llegar a adquirir rasgos de inteligencia racional.

Los seres humanos, al contrario de otros seres vivos, disponemos de un sistema nervioso central y un cerebro que nos identifica como seres capaces de razonar. Esta masa de aproximadamente  1.400 gramos hace especialmente capaz al ser humano de manejar su comportamiento y de aprender de sus  consecuencias. Por medio de la inteligencia la persona memoriza y recuerda los eventos de su vida para luego aplicar los resultados. Como afirma el doctor Pugh: " El cerebro cambia cuando la experiencia cambia”.

Pero, ¿cuál es el origen de la inteligencia humana? En el terreno de los científicos evolucionistas  se marcaron desde un principio dos posturas, la de Charles Darwin y la de Alfred Rusell Wallace. Para Darwin, la evolución de la mente humana no difería sustancialmente de la evolución del cuerpo.
Por tanto, según él, la inteligencia en los humanos se consiguió en un proceso lento y continuo, compuesto  por  pequeños pasos y  desarrollado  a lo largo de millones de años hasta recorrer el largo camino evolutivo que separaba al mono del hombre  para terminar en el actual Homo sapiens sapiens.
Wallace, en cambio, simplemente no podía admitir que las facultades intelectuales y morales del hombre, tan elevadas, fueran un producto de la evolución gradual, y que nos hubiéramos ido haciendo seres humanos inteligentes y pensantes progresivamente. Él concebía un único gran salto cualitativo, que no se podía explicar por una lenta acumulación de múltiples y pequeños cambios. Wallace pensaba en una causa sobrenatural.

¿Origen sobrenatural o natural de la inteligencia humana? ¿Creación divina o evolución   a partir del tiempo y las circunstancias ? ¿Wallace o Darwin? Aunque muchos investigadores se inclinan por la teoría de Darwin,  otros reconocen con gran honradez que es un asunto  que, quizá la ciencia nunca pueda zanjar de modo concluyente. Y es que la cuestión de si la mente humana surgió de golpe con el Homo sapiens, o si es producto de evolución gradual, es una vieja discusión que ya enfrentó a Darwin y Wallace, y para la que no se sabe si algún día se obtendrá  una  respuesta definitiva.
Pero, preguntarán algunos de ustedes: ¿cómo se mide la inteligencia? Por medio, amigos lectores, de la psicometría,  la disciplina que mide el coeficiente de inteligencia o el cociente intelectual de las personas.

Lo que se conoce popularmente como test psicométrico establece un número conocido como coeficiente de inteligencia basado  en el rendimiento de la persona en dicho test. No obstante, algunos especialistas  y numerosos estudios practicados a los seres humanos  han puesto en tela de juicio su precisión.

Hace poco, la doctora Catherine Cox, de la Universidad de Stanford, realizó un cálculo del coeficiente intelectual de personajes célebres, cuyos resultados figuran en el libro Rasgos mentales tempranos de trescientos genios. Pues bien, luego del resultado de esa investigación, considerando que el C.I. promedio es de 100, se estableció el siguiente ranking: Goethe (210) Voltaire y Newton (190) Galileo (185), Da Vinci, Miguel Ángel y Descartes (180), Kant (175), Lutero (170), Darwin(160), Mozart (165), B. Franklin (160), Rembrandt (155), Lincoln (150).



Pero el método de la doctora Cox no es el único con el que se ha tratado de evaluar la inteligencia. Desde tiempos atrás la ciencia ha ideado variadas formas, entre ella la frenología y la fisiognomía que incluían en su criterio hasta los rasgos físicos. “Entre los craneometristas del siglo XIX la disección de colegas muertos llegó a convertirse en una especie de industria casera”, afirma el célebre científico evolucionista Steven Jay Gould en el libro La falsa medida del hombre. La hipótesis dominante era que los hombres inteligentes debían tener cerebros más desarrollados.
Así parecía confirmarlo el hecho de que el cerebro del célebre zoólogo y naturalista francés Georges Cuvier pesara alrededor de  1,830 kilos y el del dramaturgo ruso Iván Turgénev cerca de dos kilos, lo cual constituía entre 300 y 500 gramos por encima del promedio. Sin embargo, la evidencia se derrumbó con casos como el del poeta estadounidense Walt Withman, cuyo cerebro pesaba apenas 1,282 kilos. La medición del coeficiente intelectual sigue siendo por tanto, la medida más confiable para establecer la inteligencia humana. Pocos podemos dudar de que Goethe fuera en verdad la sabiduría andando.
Hay tres personajes contemporáneos de quienes me ha parecido interesante hablarles en este artículo porque han   sido calificados por los medios académicos como los hombres más inteligentes del planeta.


El primero de ellos, Gregory Perelman, un famoso matemático ruso en cuya vida  me voy a extender un poco porque este personaje está actualmente haciendo historia no solo por su inteligencia sino,  sobre todo, por sus sorprendentes decisiones. Nació en San Petersburgo, Rusia,  el 13 de junio de 1966. Su madre, una talentosa matemática soviética, fue quien le inculcó el amor por las ciencias exactas. Grischa, diminutivo de Gregory con el que le gusta a Perelman ser llamado, ingresó en 1976 -recién cumplidos los 10 años- en el círculo de matemáticas que funcionaba en el Palacio de Pioneros de Leningrado. Estos centros de élite, repartidos por la URSS, eran como grandes clubes donde funcionaban numerosos centros educativos para niños. A diferencia de la mayoría de sus compañeros, Perelman se mostraba tranquilo, callado, concentrado en sí mismo. Incluso para solucionar los problemas era diferente; no escribía nada previo, no hacía cálculos en el papel, todo lo analizaba mentalmente hasta que obtenía la solución que inmediatamente después pasaba al papel que tenía delante. A pesar de su carácter introvertido, su prodigioso talento empezó a aflorar y más tarde, con el apoyo de su maestro se matriculó en la escuela de San Petersburgo, especializada en física y matemáticas. A principios de los 80 con solo catorce años consiguió la puntuación más alta en la prestigiosa organización para personas con elevado cociente intelectual Mensa. A los 16 años, ganó una medalla de oro en las Olimpiadas Internacionales de Matemáticas en Budapest un concurso para escolares. Resolvió 42 problemas sobre 42. A finales de los años 80, Perelmán obtuvo el grado de Candidato de la Ciencia (el equivalente ruso del doctorado) en la Facultad de Mecánica y Matemática de la Universidad Estatal de Leningrado, una de las universidades líderes de la ex Unión Soviética. Por esa época era también un virtuoso violinista y jugaba al tenis de mesa. Después de la graduación, Perelmán comenzó a trabajar en Leningrado en el renombrado Instituto Steklov de Matemáticas de la Academia Rusa de las Ciencias y más adelante se vinculó a varias universidades norteamericanas.

Hasta aquí, la vida de Perelman, que si bien brillante por su indudable talento no tiene nada especialmente sorprendente. Pero sucede que este hombre de apariencia desaliñada, barba hirsuta, mirada perdida que actualmente vive modestamente en San Petersburgo al lado de su anciana madre, se ha dado el lujo de rechazar una y otra vez varios premios millonarios que le ha otorgado la comunidad científica por su gran aporte a la explicación de varias incógnitas matemáticas que nadie pudo despejar a lo largo de todo un siglo.  Pocos imaginarían al toparse con él en las calles de San Petersburgo, que ese hombre con apariencia de vagabundo es un genio, el mayor matemático de los últimos tiempos. Muchos hasta han llegado a pensar  que ha perdido la razón, pero no por su dudosa higiene y aspecto, sino por haber rechazado el millón de dólares de recompensa que le otorgó el Instituto Clay de Matemáticas (Massachusetts, EE UU) por haber resuelto la conjetura de Poincaré.

La conjetura de Poincaré, amigos,  hace parte de siete problemas abiertos  elegidos por el instituto Clay para ser premiados.  Los enumero a continuación porque muy bien pudiera acontecer que uno,  o varios de ustedes, deseara medírsele al reto de encontrar la solución a alguno de ellos: 1.- P versus NP, 2.-Conjetura de Hodge, 3.-La hipótesis de Riemann, 4.-La Existencia de Yang-Mills y del salto de masa, 5.-Existencia y diferenciabilidad de las soluciones de las ecuaciones de Navier-Stokes, 6.-La Conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer, y  7.-La conjetura de Poincaré, resuelta por Perelman.
Cabe decir con respecto a esta última,  que las más brillantes mentes matemáticas intentaron encontrar su solución a lo largo de todo un siglo. Y no crean que les motivaba tan solo el amor al arte, o en este caso en particular, el amor por las matemáticas. No. Como ya mencioné antes  se había destinado para quien diera con la solución un jugoso premio de un millón de dólares. La obsesión con este problema compartida por varios cerebros de las matemáticas fue jocosamente denominada 'Poincaritis'. Su definición era muy complicada. Se trataba de un problema fundamental tanto en matemáticas como en física, dado que buscaba la comprensión de la forma que podría tener el universo. Con anterioridad a Perelman, algunos otros matemáticos anunciaron su solución pero en todos los casos esta resultó falsa. Acostumbrado a salir avante en los retos que se proponía, Perelman también se esforzó por resolverlo.

Dedicó ocho años a este intento y por fin, en el 2002 logró dar con la solución pero en lugar de publicarla en una revista especializada envió tres manuscritos a un archivo 'on line' de textos matemáticos; un grave error que a la larga le causaría un serio disgusto porque otros matemáticos, dandóselas de vivos, quisieron arrogarse el éxito alegando ser los primeros en descubrirla, conflicto  que fue felizmente dirimido a favor de Perelman. 

Luego de publicada, su propuesta se vio sometida al más riguroso análisis por parte de las más brillantes  mentes académicas. Ninguna encontró un solo error en ella, pero al paso de los días acontecería algo sorprendente: el genio matemático autor de ese magnífico logro se dio el lujo de rechazar olímpicamente el jugoso premio. ¿Qué hombre en su sano juicio haría eso? Solo Perelman. Una actitud realmente incomprensible para los mortales comunes y corrientes quizá precisamente porque nuestro coeficiente intelectual es muy diferente al de este matemático que se ha dado el gusto de rechazar no solo este sino varios jugosos premios económicos.
En el 2002 luego de la publicación de la solución a la  Conjetura de Poincaré, algo empezó a desmoronarse en el alma de Perelman. Renunció a su trabajo en los Estados Unidos y retornó a Rusia para trabajar en el Instituto Steklov de San Petersburgo. La desilusión por el mundo de las matemáticas, que él creía perfecto y puro, fue creciendo a su retorno de EE UU al tiempo que aumentó su autoaislamiento. En diciembre de 2005 renunció al puesto en el Instituto Steklov y anunció que abandonaba las matemáticas. Voluntariamente se marginó de la comunidad matemática y se negó a recibir el premio del Instituto Clay. Según afirmó a un periodista conocido, no quería convertirse en un mono de feria ni deseaba obtener recompensa por su estudio; su mayor satisfacción  era haber encontrado la solución al Teorema de Poincairé.
¿Qué hizo que este hombre que de niño fue entrenado para ganar y recibir premios, a partir de cierto momento los rechazara todos para encerrarse en sí mismo? Tal parece que el intento de plagio a que estuvo expuesto por otros matemáticos lo golpeó duramente. Para Perelman fue como sufrir un intento de secuestro cuando trataron de apropiarse del resultado de su trabajo. No podía aceptar que un teorema pudiera ser comprado, vendido o robado. Lo que lo perturbó no fue que el mundo fuera imperfecto, sino que el mundo de los matemáticos lo fuera también. Ese era el mundo que se ocupa de la ciencia más exacta en el cual  algo o es verdad o es mentira, y donde no hay posición intermedia entre uno y otro extremo, entre lo correcto o lo incorrecto. Perelman creía que en este universo había un espacio perfecto: el altar de la matemática. Se consagró por entero a ello y se inventó un paraíso. Pero le falló y eso se convirtió en su catástrofe. Actualmente Gregory Perelman vive de manera muy humilde junto a su madre en un departamento modesto a las afueras de San Petersburgo. Aunque no gusta de conceder entrevistas ha trascendido que está trabajando arduamente en un gran desafío: la demostración matemática de la existencia de Dios.
Perelman, un hombre profundamente ascético y espiritual cuyo  apartamento  está profusamente decorado con iconos y grandes crucifijos, que reza cada noche y que lleva siempre un rosario en el bolsillo,  está convencido de poder salir avante de este gran reto: probar por medio de las matemáticas la existencia de Dios.

Perelman ha sido calificado por la comunidad científica como el hombre vivo más inteligente del planeta...pero creo que también pudiera ser calificado como uno de los más enigmáticos, sensibles e introvertidos...y desde luego, no precisamente como un hombre feliz.

Y en hablando de inteligentes, otro personaje del que también quiero hablarles  es de  Christopher Langan, un californiano que saltó a la fama en 1999 cuando diversas pruebas confirmaron que su C.I oscilaba entre 195 y 210. Para tener una idea del valor de ese puntaje veamos los de otras celebridades contemporáneas: Garry Kasparov (190), Bill Gates (160), Albert Einstein (160), Stephen Hawking (160), Sharon Stone (154), Hitler (141), Shakira (140)... y así seguiríamos bajando hasta el resto de los mortales que poseemos 100 de media. La vida de Langan no estuvo precisamente a la altura de su intelecto. Nació en el seno de una familia pobre y desestructurada. Comenzó a hablar a los seis meses; antes de los cuatros años ya leía y en la escuela consiguió saltarse unos cuantos cursos. Cuentan que fue maltratado por su padrastro hasta que tuvo catorce años. 

Para entonces Langan había descubierto una de sus verdaderas pasiones: el ejercicio con pesas, que le permitió desarrollar unos músculos lo suficientemente considerables como para terminar, de una vez por todas, con los abusos de su padre postizo e invitarlo a irse de su casa para siempre. Aunque comenzó con buen pie sus estudios en la universidad, nunca consiguió acabarla; primero por falta de dinero y después por la carencia  de visión de determinados profesores que no supieron canalizar su potencialidad. Fue entonces cuando decidió ponerse a trabajar. Pasó  por oficios tan variopintos como el de albañil, vaquero, bombero del servicio forestal, jornalero, y durante más de 20 años como gorila en un bar de Long Island. Pero el cerebro de nuestro amigo Langan iba más rápido que el ritmo que marcaba su horario laboral y  al llegar a casa por las noches, su cabeza continuaba trabajando y elaboraba complejas ecuaciones sobre su particular concepto del universo. Un modelo cognitivo-teórico  cuyas teorías pueden consultarse en la red.

Un descubridor de talentos de la revista Esquire lo lanzó a la fama en 1999 y entonces se convirtió en protagonista de multitud de reportajes y entrevistas. En el 2004, Langan se trasladó con su esposa a Missouri donde actualmente dirige un centro neuropsicológico y un rancho de caballos. También participó en ese año en el concurso "1 contra 100" de la cadena de televisión NBC, en el que ganó 250.000 dólares.
El otro personaje, calificado como el hombre más inteligente que haya existido es William James Sidis que vivió entre 1898 y 1944. Se estima que su coeficiente intelectual estaba entre 250 y 300. Para hacernos una idea de lo que este coeficiente significa basta considerar que la cifra normal oscila entre 90 y 100. Sus padres formaban parte de la comunidad judía y tuvieron que huir en 1898 de Rusia por motivos políticos. El joven James podía leer el New York Times a la temprana edad de 18 meses, y a los ocho años conocía 8 idiomas además del inglés (latín, griego, francés, ruso, alemán, hebreo, turco, y armenio), y a los 7 años inventó uno, el Vendergood (este idioma descrito en su segundo libro, titulado “Book of Vendergood“, tiene una fuerte base en el latín y el griego, pero recoge pinceladas del alemán, francés y otras lenguas romances. Pero lo más curioso de este lenguaje inventado por James Sidis a los siete años,  es que el sistema numérico era en base 12. Esto es, posee 12 dígitos, en lugar de 10, como nuestro sistema actual). A los once años se convirtió en la persona más joven en ingresar en Harvard, y allí brilló en el campo de las matemáticas. Falleció el 17 de julio de 1944 a los 46 años sin haber hecho algo de verdadera  trascendencia o digno de ser recordado.
La dificultad con la que Sidis y otros estudiantes jóvenes altamente dotados se encontraron fue una estructura universitaria con una rígida opinión en contra de dejarlos avanzar rápidamente en la educación superior. El debate sobre la educación para niños prodigios continúa hoy y James Sidis permanece en su centro.  Dentro de los estándares modernos James Sidis es clasificado como un individuo altamente dotado, pero algunos críticos lo utilizan también para demostrar cómo los jóvenes superdotados no siempre alcanzan el éxito que se supondría obtendrían  ya sea en el ámbito material o en el creativo.

Christopher Langan, James Sidis y el mismo Perelman, son el vivo ejemplo de como en ocasiones la sociedad no sabe capitalizar la inteligencia de hombres a los que les sobran neuronas pero les falta adaptación y educación social. Como han podido apreciar ustedes, la vida de estos tres hombres no  ha sido tampoco especialmente feliz.  Y es que ser un superdotado no es una garantía de felicidad.  Muchos de los grandes genios son famosos por sus innumerables  aportes a la humanidad pero también por sus tempestuosas vidas familiares.


En definitiva, en hablando de inteligencia... y de inteligentes, creo que después de conocer las historias de estos tres personajes, distinguidos con los más elevados coeficientes intelectuales y reconocidos por la comunidad científica mundial como los hombres más inteligentes del planeta, casi todos experimentaremos un gran alivio de no formar parte de esos privilegiados podios de la inteligencia y ser en ese aspecto seres comunes y silvestres,  o lo que es lo mismo,  medianamente normalitos (o casi), pero  aceptablemente felices... y contentos como pocos,  de disfrutar a plenitud las cosas simples y amables de la vida. ¿No lo creen así, amables lectores?





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